Los amantes de St. Morell

Aparecieron tal que así, ajenos al paso del tiempo. Con los brazos enlazados durante más de 700 años. Un hombre y una mujer, no se sabe aún su edad. La leyenda popular los ha convertido en los amantes de St. Morrell, en honor a la capilla donde fueron desenterrados junto a otros nueve esqueletos del siglo XIV en el corazón de Leicestershire, donde encontró también el final de sus días el rey Ricardo III.


"Cada cual tiene su propia teoría sobre la curiosa pareja", reconoce la arqueóloga Vicky Score, de la Universidad de Leicester, cuatro años al frente del equipo de 20 voluntarios del pueblo de Hallaton que dieron con el inesperado hallazgo. "Pero lo cierto es que sabemos bien poco de ellos, salvo que probablemente murieron al mismo tiempo y por la misma causa, y por eso fueron enterrados juntos".
"La imaginación de la gente se ha disparado y les han colgado la etiqueta de amantes, aunque tenemos mucho que investigar", reconoce Celia Ponting, 68 años, ex funcionaria del ministerio de Trabajo y Pensiones y aficionada a la arqueología, como tantos otros en este privilegiado rincón a dos horas de Londres donde se ha encontrado también el mayor tesoro de la Edad del Hierro.
"Él parece mayor que ella, y podrían ser también padre e hija", advierte Celia. "Y luego está el misterio de la manos supuestamente enlazadas. Los dos esqueletos están enlazados a la altura del antebrazo, pero en el extremo faltaban las manos, como si se las hubieran cortado. Y es extraño porque los huesos estaban muy bien conservados; fueron enterrados a gran profundidad".
Por esa época, en plena Edad Media, el cementerio local estaba en la iglesia de Hallaton, un pueblo de apenas mil almas que resiste también a su manera el paso de los siglos y cuyo nombre parece derivar de Holly Town (Ciudad Sagrada). "¿Por qué fueron enterrados aquí y no en el pueblo, como todos los demás?", ésa fue la primera pregunta que se hicieron la arqueóloga Vicky Score y su voluntarioso equipo de aficionados. "En la arqueología, tan apasionantes son a veces los hallazgos como los enigmas", reconoce Score, que dedicó gran parte de sus vacaciones durante el último lustro para arrojar luz sobre el misterio creciente de St. Morrell (aún puede haber bastantes más esqueletos enterrados).
"Lo que vas encontrando, en largos períodos de tiempo, son piezas dispersas de un enorme puzzle", añade la arqueóloga. "Y por mucho que busques e investigues, al final van a quedar muchas piezas vacías, y ese espacio hay que llenarlo temporalmente de conjeturas".
Todo hace pensar pues que la extraña pareja (él, más alto, alrededor de 1,70) fueron en realidad dos peregrinos, posiblemente aquejados de la misma enfermedad, que llegaron a pie hasta el santuario -provenientes de no se sabe dónde- con la esperanza de sanar. Estamos en la Baja Edad Media, no lo olvidemos, cuando la peste negra diezmó la población europea.
DESFILE DE ENFERMOS
Otro de los esqueletos hallados estaba con las piernas encogidas y era deforme, lo cual alimenta la hipótesis del desfile de enfermos y discapacitados que posiblemente llegaron hasta St. Morrell esperando un milagro. Otro recibió un hachazo en al cabeza, probablemente herido en una batalla. Varios de los esqueletos aparecieron atrapados bajo piedras, "aunque eso forma parte de una tradición extendida en Europa con la idea de mantener a los muertos en la tierra".
"Los esqueletos emparejados fueron de los últimos en aparecer", explica la voluntaria Celia Ponting. "Cuando lo hicieron ya teníamos una idea aproximada de por qué habían sido enterrados allí y no en el pueblo. Cabe también la posibilidad de que fueran criminales, proscritos o simplemente forasteros. Pero la teoría que parece más probable es que estamos ante un lugar santo de peregrinaje, y que esta gente murió posiblemente al poco de llegar aquí".
"Sería apasionante poder descubrir de dónde vinieron", añade Celia. "Pero los voluntarios no llegamos ya hasta ahí. Para saber más de ellos hace falta investigación muy cualificada, y para eso hace falta también financiación. Al fin y al cabo, no somos más que aficionados unidos por la pasión hacia la arqueología y orientados por una mano experta de Vicky Score".
La arqueóloga se deshace en elogios hacia el ejército de voluntarios de Leicester, donde existen decenas de grupos de fieldworkers que han impulsado hallazgos como el del esqueleto del Rey Ricardo III, encontrado en el 2012 en una excavación realizada en una estación de autobuses de Leicester.
Como en el caso del esqueleto de Ricardo III, hallado 520 años después de su muerte en la batalla de Bosworth, el papel de los Servicios Arqueológicos de la Universidad de Leicester (ULAS) ha sido también decisivo. En el esqueleto del último rey de la dinastía York eran aún patentes las heridas de la última batalla y la presencia de la escoliosis, la deformación exagerada de la columna con la que fue inmortalizado por William Shakespeare.
A falta de un poeta que cantase en su día la tragedia mundana de los amantes de St. Morrell, la imaginación popular seguirá haciendo de las suyas. «El siguiente paso será determinar la edad aproximada de la pareja», advierte Vicky Score. "Nos queda ahora una labor esencialmente de investigación y laboratorio, aunque seguiremos trabajando en nuestro tiempo libre en la capilla de St. Morrell".
La notoriedad del hallazgo, que ha saltado a toda página de los diarios nacionales, ha servido para dar un impulso extra al infatigable grupo de trabajo de Hallaton, que agradece las donaciones de particulares, empresas e instituciones. Los dos esqueletos enlazados siguen siendo entre tanto analizados en los laboratorios de la Universidad de Leicester, que aún no ha decidido cuál será su destino final... "Tal vez el museo local, o probablemente la cripta de la iglesia donde en su día no pudieron ser enterrados".

En la capilla de St. Morrell

St. Morrell es una adaptación al inglés de San Maurilio, natural de Milán, durante 30 años arzobispo de la provincia de Anjou . Las primeras referencias a la capilla de St. Morrell datan de 1532, aunque es muy posible que menos de 10 años después fuera destruida durante la Supresión de los Monasterios decretada por Enrique VIII cuando decidió romper con la autoridad papal y crear la Iglesia de Inglaterra. Muchas de la capillas y abadías que quedaron en ruinas siguieron atrayendo durante décadas a los peregrinos.