EL SIMBOLISMO EN EL ARTE ROMÁNICO: EL SIMBOLISMO EN LA ARQUITECTURA.

EL ARTE ROMÁNICO: SIMBOLISMO.
"El románico habla al corazón del hombre y a su inteligencia más profunda"

Cuando se estudia el románico frecuentemente se admiran los aspectos estéticos que indudablemente tiene. Un autor francés dijo de este arte algo parecido a que el románico nos deslumbra por la armonía de sus volúmenes y la fantástica imaginación de su escultura.Un acercamiento que parece opuesto es el de aquellos estudiosos que analizan el románico y el arte medieval desde el punto de vista fundamentalmente simbólico. Es decir, ven en él el esfuerzo por crear verdaderos espacios sagrados donde revelar al alma humana lo transcendental, lo no manifiesto, mediante el símbolo.
Ambas perspectivas, en realidad, coinciden. De hecho la admiración y hechizo que este arte causa en el hombre moderno, por encima de cualquier otro estilo artístico, se debe a que el románico es un arte unitario. Empleando unas formas artísticas sencillas logra transmitir un mensaje de armonía intelectual en quien lo percibe.

Simbolismo de la arquitectura románicaLa arquitectura románica es ya, por sí misma, profundamente simbólica. En frase de María Ángeles Curro:
"Todo el conjunto románico guarda una concepción unitaria. La temática decorativa [...] está insertada en esa unidad constructiva. La escultura está supeditada como la pintura a la construcción arquitectónica, por eso la iglesia románica ya es objeto de interés, porque es ya simbólica."

Es lógico que se desease diferenciar el templo, que es la "casa de Dios", del resto de edificios profanos y que su arquitectura fuese más allá de lo meramente funcional adquiriendo carácter simbólico. El símbolo que subyace en la arquitectura del templo románico es el de la fusión de la profunda dualidad de lo que existe, es decir, lo divino con lo humano, y lo celeste con lo terrestre.
Al igual que en otras religiones celestes, la morada de Dios está en lo alto (en el cristianismo, a Dios también se invoca como "El Altísimo") Por ello, lo primero que se eligió para su construcción es una ubicación en alto. Normalmente la iglesia de la población se sitúa sobre el monte que domina la aldea, o si ello no es posible, por la horizontalidad del terreno, se elevan sus muros -dentro de lo que permitía la tecnología arquitectónica del románico- y se alzaban dominadores campanarios. En muchos casos, se hacían ambas cosas, como en la conocida iglesia de El Salvador de Sepúlveda, encaramada en lo alto de la villa y con una potente torre que se alza hacia el cielo.a su vez de profundo simbolismo. Dado que los tres elementos esenciales de una iglesia románica son la cabecera, nave y torre, veremos cómo esos "módulos" se refuerzan sinérgicamente para simbolizar la unión de dos mundos, el del hombre y el de Dios. Para empezar, la nave es de estructura cuadrada o rectangular lo cual simboliza, con sus cuatro lados, la Tierra. El "4" es el símbolo terrestre por definición (4 elementos, 4 estaciones, 4 puntos cardinales...). La cabecera es normalmente de perfil semicircular pues representa el Cielo, tanto por su forma (lo perfecto es circular, amén de representar al sol) como con su bóveda de horno que simboliza la esfera celestial. También las cúpulas son símbolo de lo celeste. La unión de la nave con la cabecera representa, de esta forma, la unión de lo terrenal con lo celestial. Otro símbolo de la comunión de lo terrestre con lo divino es la torre románica que, bien asentada y cimentada en el suelo, se alza gloriosa apuntado al cielo que quiere alcanzar.
Por si esto fuera poco, las iglesias románicas de mayor complejidad desarrollan una estructura en cruz latina adquiriendo la "forma" de Cristo. De ahí que en el vocabulario arquitectónico habitual se siga usando los términos "cabecera", "brazos del tansepto" y "pies de la iglesia" en total equivalencia con las partes del cuerpo de Cristo.El simbolismo arquitectónico del templo románico va mucho más allá y se relaciona con la luz. Toda iglesia medieval tiene su cabecera orientada hacia oriente. El simbolismo subyacente es que el altar, situado en la cabecera, debe estar del lado donde aparecen los primeros rayos de luz del alba. En el altar está Cristo y Cristo es la luz del mundo que ilumina al hombre y le saca de sus tinieblas. El hombre permanece en "su noche" hasta que la luz de Cristo le ilumina espiritualmente, como hace la luz solar desplazando la noche al amanecer.