EL SIGLO XVIII: LOS PRIMEROS BORBONES



8.1. LA GUERRA DE SUCESIÓN Y EL SISTEMA DE UTRECHT.

El año 1700 asiste a la muerte sin descendencia de Carlos II, último monarca de la dinastía de los Austrias en la Península. Si bien había elegido como sucesor a un nieto de Luis XIV de Francia, a la postre Felipe V de Borbón, varias potencias europeas propondrán un candidato opositor: el archiduque Carlos de Habsburgo. Se desata así un conflicto conocido como Guerra de Sucesión (1701-1713/15) por el control de la hegemonía no sólo española, sino internacional. De un lado los Borbones con el apoyo castellano y del otro una Liga Antiborbónica en la que destacan los Habsburgo, Holanda, Gran Bretaña y los reinos peninsulares más orientales entre otros, se enfrentan en una contienda con distintos escenarios. Las hostilidades se debilitarán con el acceso del archiduque al control del Imperio Austriaco en 1711, facilitando la firma de la Paz de Utrecht. Compuesta por los tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714) supuso, a nivel internacional, la consolidación de Gran Bretaña como potencia naval y comercial tras su establecimiento en Gibraltar y Menorca y el incremento de su comercio con Indias. Por su parte los Habsburgo arrebatan a España Flandes y las posesiones italianas que aún conservaba. A nivel nacional asistimos a la llegada de una nueva dinastía, los Borbones, con un modelo reformista que bebe del absolutismo francés.

8.2. EL CAMBIO DINÁSTICO DEL SIGLO XVIII: LAS REFORMAS INTERNAS.

La Guerra de Sucesión y el Stma. de Utrecht (1701-1713/15) suponen para España la sustitución de la dinastía de los Austrias por la de los Borbones en la persona del Felipe V. Estos últimos inician entonces una monarquía absolutista de corte francés sobre la que sabrán promover una serie de reformas para consolidarla, fundamentalmente en 3 grandes ámbitos:
1.Reforma del Gobierno y la Administración: siguiendo los principios de centralización y uniformidad con el propósito de evitar los privilegios locales y forales, para lo cual se sustituye el tradicional sistema de consejos por la ampliación de poderes del Consejo de Castilla. Asimismo, los secretarios, antecedente de los actuales ministros, se convierten en funcionarios imprescindibles, pudiendo destacar al Marqués de la Ensenada durante el reinado de Fernando VI. Se procede también a la supresión de los privilegios de los reinos orientales a partir de los Decretos de Nueva Planta y se diseñará una nueva administración territorial basada en dos figuras novedosas: los intendentes y los capitanes generales. Por último cabe reseñar las reformas acometidas en el Ejército y la Armada con el objetivo de crear un ejército permanente.
2.Mayor control sobre la Iglesia: poniéndose en marcha una política regalista que amplía el poder de la corona en materia eclesiástica.
3.Incremento de la intervención del Estado en la economía: siguiendo el modelo mercantilista se inauguran una serie de reformas fiscales para incrementar la recaudación de impuestos, se crean manufacturas estatales (Reales Fábricas) y se promueven toda una serie de obras públicas.

8.3. LA PRÁCTICA DEL DESPOTISMO ILUSTRADO: CARLOS III.

Aparentemente contradictorios, Absolutismo (inmovilista, antidemocrático) e Ilustración (racional, antitradicionalista) se unen en un modelo político conocido como despotismo ilustrado e implantado en España por Carlos III (1759-88), hijo de Felipe V que sucede a su hermano Fernando VI cuando este muere sin descendencia. Hablamos de un rey que combinó su participación activa en el gobierno con el asesoramiento de un equipo de secretarios, antecedentes de los ministros, como Esquilache, Grimaldi, Campomanes y Floridablanca. Precisamente el primero de estos[1] da nombre al gran problema interno del reinado: el Motín de Esquilache (1766), una revuelta popular que estalla fundamentalmente por el incremento del precio de un producto básico como el pan; si bien la excusa desencadenante fue un decreto que prohibía el uso de capas largas y sombreros gachos. Su extensión a casi todo el país favoreció un giro político marcado por: el cese de Esquilache, la represión de los sublevados, la aplicación más prudente de las reformas y el ascenso político de españoles al gobierno. Además fueron instituidos en los ayuntamientos tres nuevos cargos elegidos por los propios ciudadanos y se decretó la expulsión de los jesuitas (1767) por considerarlos contrarios al gobierno. Amén del motín, destacaron una serie de reformas económico-sociales orientadas sobre todo al impulso de la agricultura. Había arraigado la fisiocracia y será Jovellanos el que diseñe un plan agrario con un triple objetivo: aumentar la producción y lograr un mercado libre de trabas institucionales, crear un sector de propietarios rurales estables y afines al gobierno y elevar los ingresos procedentes de la agricultura. Finalmente, fue especialmente notable su obsesión por el desarrollo de las obras públicas, sobre todo de la capital, actuación que le ha supuesto pasar a la historia con el sobrenombre de “el Alcalde de Madrid”.


8.4. LA EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA EN EUROPA DURANTE EL SIGLO XVIII.

El objetivo fundamental de los Borbones en materia de política exterior fue sin duda la recuperación de los territorios perdidos en Utrecht (1713/15). En líneas generales el gran aliado en esta empresa será Francia y el principal enemigo Gran Bretaña, constatando diferentes avances y retrocesos en función del monarca reinante:
-Felipe V: condicionado por las ambiciones de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, que deseaba que el hijo de ambos, el futuro Carlos III, gobernara un reino italiano. Lanzó primeramente una tentativa en solitario encaminada a la invasión de Cerdeña y Sicilia; pero a la vista del fracaso, procedió a intentar celebrar alianzas. Primero buscó un acercamiento sin resultados a los Habsburgo y seguidamente acuerda con Gran Bretaña y Francia la obtención del ducado de Parma para el citado Carlos. Por último suscribe con los Borbones franceses dos Pactos de Familia que conducen, el Primero (1733), al abandono de Parma de Carlos y su proclamación como rey de las Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia); el Segundo (1743), a la recuperación del ducado de Parma, en esta ocasión para Felipe, el segundo hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio.
-Fernando VI: destacó por el mantenimiento de una política exterior neutral.
-Carlos III: deshizo el equilibrio anterior emprendiendo dos nuevas guerras contra Gran Bretaña (Guerra de los Siete Años (1756-63), en la que se firma un Tercer Pacto de Familia con Francia, y la Guerra de Independencia de las trece colonias británicas en Norteamérica 1775-83), con el doble objetivo de detener el avance británico en América y recuperar Menorca, fin que sí logra, y Gibraltar, plaza en cuya recuperación fracasa.

8.5. LA POLÍTICA BORBÓNICA EN AMÉRICA DURANTE EL SIGLO XVIII

El propósito de los Borbones en este apartado fue el reforzamiento de su control colonial, entendiendo que una mayor eficacia redundaba en la obtención de mayores ingresos. Para la satisfacción de este fin dispondrán toda una serie de medidas, entre las que podemos significar las de índole administrativa y comercial:
a) Medidas administrativas: se localizan sobre todo durante el reinado de Carlos III impulsadas por el funcionario José Gálvez, que procedió a: 1. Recortar el poder administrativo de los criollos, que habían accedido al mismo a través de la venta de cargos. Para evitarlo se paraliza dicha venta y se crea un nuevo puesto para la supervisión administrativa: el intendente para América; 2. Crear dos nuevos virreinatos para hacer más efectivo el control de Indias: Nueva Granada y Río de la Plata; 3. Revitalizar la inmigración de España a América; 4. Menguar el poder de la Iglesia, haciendo extensible a América la expulsión de los jesuitas en la Península (1767); 5. Promover en Indias la creación de un ejército permanente que incluirá a mestizos y criollos; 6. Acrecentar la presión fiscal a fin de obtener más ingresos; 7. Reprimir cualquier conato revolucionario como el de los “Comuneros del Socorro”.
b) Medidas comerciales: orientada fundamentalmente a que América exportase materias primas a la Península e importara los productos industriales españoles. Para lograr este fin se procuró eliminar la competencia extranjera, sobre todo la de Gran Bretaña, acabar con la industria de las colonias y suprimir el monopolio comercial de Sevilla y Cádiz y abrirlo a otros puertos y regiones.

8.6. LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA

A lo largo del s. XVIII, sobre todo durante el reinado de Carlos III, los Borbones llevaron a cabo un programa reformista cuya base intelectual fue la Ilustración. Hablamos de una ideología emergente en Francia que defiende básicamente el empleo de la razón y el espíritu crítico, el fomento de la economía nacional, el desarrollo del conocimiento científico y de la educación y la difusión del progreso y la felicidad. Para el marco español, amén de estos rasgos generales, podemos significar también:
a) Los canales de difusión del movimiento: tanto oficiales como particulares, pudiendo destacar las academias (Real Academia Española), las instituciones de enseñanza superior alternativas a las universidades (Real Seminario de Nobles de Madrid), las sociedades económicas de amigos del país (Sociedad Matritense) y los consulados.
b) Figuras de intelectuales y artistas: distinguiendo: 1. Intelectuales ilustrados (Feijoo, Jovellanos); 2. Científicos y expedicionarios (C. Mutis) y 3. Artistas y literatos. Entre los artistas destacan toda una nómina de autores que superan el Barroco y enuncian un nuevo estilo como el Neoclásico (Ventura Rodríguez-fuente de Cibeles; Villanueva-edificio Museo del Prado; Sabatini-Pta. de Alcalá). Indefectible resulta también la figura del inclasificable Goya, maestro de maestros que anuncia diversos estilos posteriores. En materia literaria se desarrollan géneros poco cultivados, como el ensayo, el informe, la epístola ... Entre los prosistas citaremos a Cadalso y su crítica social en las Cartas Marruecas; en poesía a los fabulistas Iriarte y Samaniego y en teatro a Moratín, que con El sí de las niñas sugiere ya la libertad femenina a la hora de elegir esposo.


[1] Pronombre demostrativo que según la RAE, desde 1999, no lleva tilde.