La Restauración borbónica 1874-1898

Temas:

1.- EL RÉGIMEN POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN Y SUS FUNDAMENTOS SOCIALES

2.-LOS PROCESOS DE URBANIZACIÓN E INDUSTRIALIZACIÓN EN LA ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN

3 .-NACIONALISMOS. REGIONALISMOS Y MOVIMIENTO OBRERO

4. LA CRISIS DE 1898 EN ESPAÑA Y SUS CONSECUENCIAS.

5.-LA CRISIS FINAL DE LA RESTAURACIÓN. EL IMPACTO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL Y EL AGOTAMIENTO DEL SISTEMA POLÍTICO.


Textos:

1.- Oligarquía y caciquismo (1901)

2.- Manifiesto conjunto UGT-CNT (1917)







La época de la Restauración, 1874 – 1923

1.- El Régimen Político de la Restauración y sus fundamentos sociales

Introducción: la vuelta del Rey
Tras fracaso del Sexenio Democrático se reimplantó la monarquía en la figura de Alfonso XII. El nuevo sistema político, diseñado por Cánovas del Castillo, era de signo conservador y católico, y pretendía restablecer la estabilidad política y social. Estuvo basado en la alternancia en el poder de grandes partidos: el conservador y el liberal. Duró hasta la proclamación de la Segunda República en 1931.

La Constitución de 1876: elaboración, características y funcionamiento: el Turno de Partidos
La Constitución de 1876
Tras el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto el 29 de diciembre de 1874, Cánovas del Castillo asumió la regencia hasta la llegada del rey. Tras la llegada a España de Alfonso XII, se realizaron unas elecciones por sufragio universal para las Cortes Constituyentes, que aprobaron la Constitución de 1876. Características:
·         Constitución conservadora, caracterizada por el liberalismo doctrinario e inspirada en los valores tradicionales de la monarquía, la religión y la propiedad.
·         Planteaba la soberanía compartida entre las Cortes y el Rey (tenía amplios poderes).
·         La monarquía es una institución superior, incuestionable y  permanente, con un poder moderador.
·         Se definen unas Cortes bicamerales, formadas por el Senado y el Congreso de los Diputados.
·         Proclama la confesionalidad católica del Estado.
·         Recoge una amplia declaración de derechos, aunque las leyes posteriores los restringieron.

La Constitución no fijaba el tipo de sufragio, pero una ley de 1878 establecía el voto censitario, limitado a los mayores contribuyentes.
Esta constitución pretendía recoger las demandas de las distintas tendencias políticas para convertirse en un documento estable, válido para cualquier partido en el poder.

El turno de partidos
Cánovas del Castillo introdujo un sistema basado en el bipartidismo y en la alternancia pacífica en el poder de los dos grandes partidos dinásticos:
·         El Partido Liberal-Conservador aglutinaba a los grupos políticos más conservadores. Se apoyaba en las clases altas (aristocracia, terratenientes, alta burguesía). Defendían el inmovilismo político, proponían un sufragio censitario y la defensa de la Iglesia y del orden social. Su líder era Cánovas del Castillo.
·         El Partido Liberal-Fusionista tenía un carácter más progresista. Se apoyaba en la burguesía industrial, gran parte de la población urbana, y pequeños y medianos propietarios rurales. Defendían el sufragio universal masculino y reformas sociales de carácter progresista y laico. Su líder era Sagasta.

Durante este período se produjo una alternancia entre ambos partidos, que ayudó a estabilizar la vida política. Cuando el partido en el gobierno se desgastaba, el rey llamaba al partido de la oposición a formar gobierno. Entonces, el nuevo gobierno convocaba elecciones para conseguir los diputados suficientes para formar una mayoría parlamentaria que le permitiese gobernar.
A pesar de las diferencias, ambos partidos coincidían ideológicamente en lo fundamental (aceptaban la monarquía y la alternancia en el poder), y su acción en el gobierno no variaba en lo esencial.
Ambos partidos renunciaban a los golpes militares para acceder al gobierno. Se trataba de poner fin a la intervención del ejército en la vida política.

Fuera del sistema quedaron otros partidos, como los republicanos, carlistas, ultracatólicos, nacionalistas  y los socialistas. No lograron formar gobierno ni constituir una minoría influyente.

Desarrollo del turno de partidos
Entre 1876 y 1898 el turno de partidos funcionó con regularidad. La primera crisis del sistema se produjo tras el desastre de 1898, que generó un gran desgaste entre los partidos dinásticos y los políticos.
El Partido Conservador gobernó desde 1875 hasta 1881, cuando Sagasta formó un primer gobierno liberal que introdujo el sufragio universal masculino para las elecciones municipales de 1882.
En 1884, Cánovas volvió al poder, pero el temor a una posible desestabilización del sistema político tras la muerte de Alfonso XII (1885), impulsó a un acuerdo entre conservadores y liberales, el Pacto de El Pardo, cuyo objetivo era garantizar la continuidad de la monarquía ante las presiones de los carlistas y los republicanos, y apoyar a la regencia de María Cristina de Habsburgo.
Durante la regencia de María Cristina, el Partido Liberal gobernó más tiempo que el Conservador. Con el “gobierno largo de Sagasta” (1885-1890), los liberales realizaron importantes reformas.
La reforma más destacada fue la implantación del sufragio universal masculino en las elecciones generales (1890), aunque este avance quedó desvirtuado por el fraude y la corrupción electoral.

La estabilidad del Régimen: el fin de los conflictos armados
La Restauración Borbónica quitó muchas razones para la existencia de la resistencia carlista, por lo que algunos personajes del carlismo terminaron reconociendo a Alfonso XII. Además, el gran esfuerzo militar provocó el exilio de Carlos VII en 1876, cuando se dio por finalizada la guerra.
El fin de la guerra carlista ayudó a aplastar la insurrección en Cuba. La acción militar y la negociación con los insurrectos hizo posible la firma de la Paz de Zanjón en 1878, en la que se establecían diversas reformas políticas y administrativas en la isla. No obstante, los conflictos resurgieron posteriormente como consecuencia del incumplimiento de las reformas prometidas.
Además, el turno pacífico acabó con la intervención del ejército en la vida política.

La base Social del Régimen: el Caciquismo
El turno pacífico pudo mantenerse gracias a la corrupción electoral y a la utilización de la influencia y el poder económico de ciertos individuos sobre la sociedad (caciques).
Los caciques eran personas notables, sobre todo en el medio rural. Se trataba de ricos propietarios que daban trabajo a jornaleros y que tenían gran influencia. También podían ser abogados, profesionales de prestigio o funcionarios que controlaban los ayuntamientos, hacían informes y certificados, dirigían el sorteo de las quintas, proponían el reparto de las contribuciones y podían resolver trámites burocráticos.
Con su influencia, los caciques orientaban la dirección del voto, agradeciendo con sus “favores” la fidelidad electoral y discriminando a los que no respetaban sus intereses. Los caciques manipularon las elecciones continuamente de acuerdo con las autoridades, especialmente con los gobernadores civiles.
El conjunto de trampas electorales que ayudaban a conseguir la sistemática adulteración de los resultados electorales se conoce como pucherazo: para conseguir la elección del candidato gubernamental, se falsificaba el censo, se manipulaban las actas electorales, se compraban votos, se amenazaba al electorado con coacciones de todo tipo, e incluso se utilizaba la violencia para atemorizar a los contrarios.
El triunfo del partido que convocaba las elecciones porque había sido requerido para formar gobierno, era convenido previamente, y se conseguía gracias al falseamiento de los resultados. De esta forma, el triunfo electoral permitía la creación de una amplia mayoría parlamentaria al partido gobernante.

Canarias:
En Canarias también se implantó el sistema bipartidista propio de la Restauración. Destacaron figuras como los hermanos León y Castillo en Gran Canaria, y Feliciano Pérez Zamora en Tenerife.
El turno pacífico funcionó a pesar de las rivalidades derivadas del pleito insular, teniendo un gran peso los caciques de las islas en el proceso de manipulación electoral.
El partido liberal tuvo más fuerza en Gran Canaria, mientras que el Conservador era más fuerte en Tenerife. En la primera década del siglo XX se recrudece el pleito insular, ya que a las rivalidades entre Gran Canaria y Tenerife, se unieron las demandas en las islas periféricas, perjudicadas por la consolidación del modelo librecambista.
2. El proceso de Urbanización e Industrialización en la España de la Restauración

Introducción

Durante la Restauración, España experimentó una serie de cambios sociales y económicos de gran trascendencia. Comenzó una revolución demográfica y se registraron importantes movimientos migratorios dentro y fuera del país. Se produjo el desarrollo de la industria y la minería, el sector primario sufrió importantes transformaciones, y se registró un significativo crecimiento del sector terciario.

Demografía

El descenso de la mortalidad y la natalidad. La esperanza de vida
En el siglo XIX la población española pasó de 10,5 millones de habitantes en 1797 a 18,5 millones en 1900. Este crecimiento fue menor que el de otros países europeos, ya que España mantuvo los rasgos típicos de una demografía tradicional: alta mortalidad y natalidad, y baja esperanza de vida.
A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX comenzó un proceso de cambio en la población (transición demográfica), que se caracterizó por el descenso, primero de la tasa de mortalidad (por la mejora de la alimentación y de las condiciones sanitarias), y posteriormente de la natalidad (por los mayores niveles de urbanización y la racionalidad en la planificación familiar). Esto provocó un crecimiento de la población española, que pasó de 18,5 millones de habitantes en 1900, a 23,5 millones en 1930.

El proceso de urbanización
En el siglo XIX el proceso de urbanización español fue constante pero lento, y sus limitaciones se debían al escaso desarrollo industrial y al atraso agrario, que retenía a la población en las zonas rurales.
El crecimiento urbano obligó a ampliar las ciudades mediante ensanches. La estratificación social provocó la segregación por barrios, situándose las clases altas en los espacios planificados que contaban con los elementos necesarios para una vida acomodada. Los obreros, cuyo número aumentó por el éxodo rural, ocuparon espacios que no contaban con los elementos básicos, por lo que vivían en la miseria.
El período más importante de crecimiento urbano fue entre el final de la Primera Guerra Mundial y el crac de 1929, período en el que ciudades como Madrid y Barcelona aumentaron mucho su población.
A pesar de la urbanización, a principios del s. XX, la mayoría de la población continuaba siendo rural.

Las migraciones: el éxodo rural, centro – periferia, y la emigración
Éxodo rural, centro - periferia:
A partir de 1860, las migraciones internas aumentaron, comenzando un éxodo rural desde el campo hacia las ciudades, sobre todo hacia las capitales de provincia, las zonas litorales, Madrid y Barcelona.
Estos movimientos provocaron una pérdida de peso de los núcleos rurales del interior peninsular, debido a la escasez de puestos de trabajo y las malas condiciones de vida.
La emigración transoceánica:
En las últimas décadas del siglo XIX muchos españoles emigraron a ultramar, debido a la falta de trabajo y a las mejoras en la navegación.
Los focos de emigración fueron Galicia, Asturias, Cantabria y Canarias, y el destino más importante fue Latinoamérica (Cuba, Argentina, Brasil y México), ya que ofrecía grandes oportunidades laborales.
El período en el que se registro un mayor flujo migratorio fue entre 1900 y 1929.

La Economía

Cambios energéticos y avances tecnológicos:
Las transformaciones la economía española en el primer tercio del siglo XX se produjeron, entre otros factores, gracias a la difusión de la electricidad y del petróleo. Esto permitió vencer un gran obstáculo para el crecimiento de España en el siglo XIX: la escasez de fuentes de energía competitivas.
El uso comercial de la electricidad y su transporte permitió mecanizar la producción industrial, con la consiguiente disminución de los costes de producción. Además, el avance del refinado del petróleo y los progresos en la mecánica de motores permitieron el desarrollo del automóvil.

La situación del sector primario (el mundo rural): la transformación del sector primario en el siglo XIX fue lenta e insuficiente, manteniendo un gran peso en la economía de principios del s. XX.
Finales del siglo XIX:
A finales del siglo XIX, debido a la reforma agraria liberal, había aumentado la roturación de tierras, incrementándose la superficie agraria, fundamentalmente la destinada a cereales, vid, maíz y papas. Las técnicas de cultivo continuaron atrasadas, ya que el marco natural y la estructura de la propiedad (minifundio y latifundio), no favorecían las mejoras técnicas. No obstante, el aumento de la producción permitió un crecimiento sostenido de la población.
Primeras décadas del siglo XX:
En las primeras décadas del siglo XX, en el campo español contrastaba el dinamismo de la agricultura de tipo mediterráneo (frutas, hortalizas, cítricos, vid, etc.) con las escasas transformaciones de la agricultura cerealista, que dominaba en amplias zonas de la Península.
La agricultura española inició el siglo XX enfrentándose a la crisis agraria que se extendió por Europa, debido a la llegada de productos de países con una agricultura extensiva más competitiva (Argentina, EE.UU., Canadá y Rusia), que ofrecían productos con precios más bajos que los europeos. La disminución de los ingresos provocada por esta situación generó un período de conflictividad social.
A esta situación se unió la crisis de la viticultura originada por la expansión de la plaga de filoxera.
La crisis agraria se superó con nuevas barreras arancelarias y con el crecimiento de la producción.  
El campo español también se caracterizaba por la gran desigualdad en la estructura de la propiedad de la tierra (contrastes entre latifundios y minifundios), lo que provocaba bajos rendimientos, dificultaba la implantación de nuevas técnicas y generaba conflictos sociales.

La incipiente industrialización (los sectores minero e industrial): en la España del siglo XIX, la industrialización sufrió un gran retraso con respecto a los países que lideraron la Revolución Industrial.
Finales del siglo XIX:
En el último tercio del siglo XIX, Cataluña y el País Vasco habían desarrollado una estructura industrial moderna asentada sobre la producción textil y siderúrgica respectivamente. También tuvo gran importancia la industria agroalimentaria, sobre todo en Andalucía, Asturias, Canarias y Extremadura.
Primer tercio del siglo XX:
En las primeras décadas del siglo XX, la industria española continuó creciendo, produciéndose la aparición de nuevas industrias y la consolidación de las ya existentes.
Entre los sectores tradicionales, la industria textil catalana continuó su expansión, pero comenzó a perder peso. Las industrias alimentarias también retrocedieron a pesar de la expansión de la industria conservera del pescado, y la de los productos agrícolas. La industria química se consolidó, y experimentaron gran crecimiento la siderúrgica vasca, la industria eléctrica, la metalúrgica y la construcción.
A partir de Cataluña y el País Vasco, la industrialización se difundió por otras zonas del país. Madrid se convirtió en la tercera región industrial por su condición de capital y crecimiento demográfico.

Explotación minera:
La Ley de Minas de 1868 acabó con la rígida reglamentación de las concesiones mineras e hizo posible que finales del siglo XIX y principios del XX, se produjera la explotación masiva de los yacimientos mineros de España. Las actividades extractivas más importantes fueron el carbón y el mineral de hierro. La primera tuvo gran importancia en Asturias, y la segunda en el País Vasco.
Sin embargo, la extracción de estos recursos tuvo escasos efectos sobre la economía española al ser explotados de manera casi exclusiva por sociedades extranjeras y exportados en su inmensa mayoría.


La expansión del sector terciario (comercial y de servicios)
A finales del siglo XIX se potenció el desarrollo del ferrocarril, lo que fomentó los intercambios comerciales dentro de España, y en consecuencia, la articulación del mercado interior. El comercio exterior también se vio favorecido por la expansión de la energía del vapor.
El aumento del proteccionismo, mediante las leyes arancelarias, trató de evitar la competencia exterior, pero obstaculizó la vinculación con el mercado internacional, abastecedor de nuevas tecnologías, y frenó la especialización de la producción, constituyendo una de las causas del débil desarrollo industrial.
Por otra parte, el desarrollo de las ciudades y la configuración de una sociedad moderna de masas, provocaron la aparición y desarrollo de servicios relacionados con la educación, la sanidad, las comunicaciones (telégrafo, teléfonos, prensa), la cultura y el tiempo libre (cine, excursionismo, deportes).
Por último, hubo un crecimiento de los servicios financieros, por el desarrollo de la banca.

La política económica

El Intervencionismo del Estado
La economía española se caracterizó en el primer tercio del siglo XX por el intervencionismo del Estado, cuyo objetivo era reducir la competencia, y fomentar la industria nacional. Se manifestó con:
·         Ayudas: exenciones fiscales, subsidios, y pedidos directos a la Administración. Tenían como objetivo estimular la inversión privada en las industrias tecnológicamente más avanzadas.
·         Proteccionismo: se trataba de evitar la competencia exterior mediante el establecimiento de Aranceles (destacó en sectores como el carbón, la construcción naval militar y la aeronáutica).
El intervencionismo del Estado provocó la aparición de nuevos sectores industriales de tecnología más avanzada, un aumento de las infraestructuras, así como la articulación del mercado interior, pero también fomentó una baja productividad y una escasa competitividad internacional.

El fomento de las infraestructuras
Destacó la mejora de los caminos y las carreteras, introduciéndose al final del período los tramos asfaltados. También se produjo la electrificación de los ferrocarriles, así como el aumento de la red telegráfica y telefónica.

Canarias:
La población canaria también experimentó en este período un crecimiento, como consecuencia de la disminución de la mortalidad. Uno de los procesos más importante fue la emigración, desde las áreas rurales a las ciudades, y desde el archipiélago a América (“fenómeno indiano”).
El crecimiento económico del archipiélago estuvo relacionado con el desarrollo del modelo librecambista que se había iniciado con el Real Decreto de Puertos Francos de 1852, que permitió aprovechar el creciente tráfico de las flotas comerciales por Canarias
A finales del siglo XIX se produjo en Canarias una importante crisis por la caída de la demanda de la cochinilla tras la aparición de colorantes artificiales. Esto provocó la ruina de los productores y un aumento del paro. Para salir de la crisis se potenció el cultivo de plátanos y tomates, con mucho éxito en Europa.
A principios del siglo XX las islas eran un importante enclave comercial en el marco de las comunicaciones marítimas internacionales hasta la Primera Guerra Mundial, cuando el tráfico comercial se ve interrumpido por la guerra submarina. Superado el conflicto, los años 20 se caracterizaron por la prosperidad económica hasta la crisis iniciada en 1929.
Respecto a la estructura del sector agrario, existía una diferencia entre la agricultura de autoconsumo y subsistencia, desarrollada en medianías, orientada a satisfacer las necesidades del mercado interno (verduras, vid, frutales y cereales), y la agricultura de exportación, desarrollada en costas y orientada a satisfacer a los mercados internacionales (plátanos y tomates).
Durante este período también se produjo un desarrollo del sector secundario (astilleros, talleres navales, producción eléctrica, etc.) y del terciario, debido al crecimiento del comercio y al inicio del desarrollo del turismo.
3.- El Regionalismo y los Nacionalismos. El movimiento obrero

Introducción:

En el último cuarto del siglo XIX comenzó en España el ascenso de los movimientos regionalistas y nacionalistas en diversas regiones, planteándose políticas contrarias al centralismo estatal. Paralelamente, la oposición a los partidos dinásticos fue reforzándose, y en el movimiento obrero se fueron consolidando el socialismo y el anarcosindicalismo. La Restauración fue incapaz de integrar a estas nuevas fuerzas, que se mantuvieron al margen del sistema y provocaron un aumento de los conflictos sociales y políticos.

El origen de los nacionalismos:

Del regionalismo al nacionalismo
El regionalismo es el movimiento que reivindica el reconocimiento de la identidad diferencial de una región, ya sea cultural, económica, administrativa o política.
No obstante, cuando este movimiento acentúa su dimensión política y reivindica altas cotas de autogobierno, se define como nacionalismo.

El Catalanismo y la hegemonía de la Lliga a partir de 1902
Cataluña fue la primera región el desarrollar el regionalismo, que surge de la unión del progreso económico vinculado a la industrialización, y del renacimiento cultural.
A mediados del siglo XIX nació un movimiento denominado “Renaixença”, cuyo objetivo era la recuperación de la lengua y señas de identidad catalanas.
En la década de 1880 surge el catalanismo político. Destaca la elaboración de las Bases de Manresa en 1892: proponía alcanzar un poder catalán como resultado de un pacto con la Corona, considerando a Cataluña como entidad autónoma dentro de España.
Estas tendencias crecieron con la crisis de la Restauración en 1898: en 1901 se creó la Lliga Regionalista, fundada por Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. Era un partido burgués, católico, posibilista, ultraconservador, y estaba distanciado de posiciones independentistas. Sus objetivos eran lograr la autonomía política, y la defensa de los intereses económicos de Cataluña. El éxito electoral convertiría a la Lliga en el principal partido de Cataluña en el primer tercio del siglo XX.
Paralelamente, se fue consolidando un catalanismo republicano, apareciendo en las primeras décadas del siglo XX diversos partidos que fueron derrotados electoralmente por la Lliga hasta 1931, cuando su unión en un nuevo partido, Esquerra Republicana de Catalunya, lograría el triunfo en las elecciones.

El Nacionalismo Vasco y su escisión
El nacionalismo vasco surge en la década de 1890, por la pérdida de los fueros tras la derrota del carlismo, el desarrollo de una corriente cultural en defensa de la lengua vasca, y por la reacción frente a la llegada de inmigrantes procedentes de otras regiones de España.
Destacó la figura de Sabino Arana, defensor de la identidad vasca. En 1895 se crea el Partido Nacionalista Vasco (PNV), con un gran sentimiento católico y de defensa de la tradición, la lengua y costumbres vascas, así como la pureza racial frente a los “maketos”. Su progreso electoral fue constante en las primeras décadas del siglo XX, rivalizando con el carlismo.
Durante el primer tercio del siglo XX destacaron los debates sobre los aspectos que debían predominar en el PNV: el independentismo, el autonomismo o el catolicismo. Sus escisiones más importantes fueron la del grupo Aberri en 1921, y la de Acción Nacionalista Vasca, grupo nacido en 1930.
A pesar de la fragmentación política, el auge económico del País Vasco favoreció el crecimiento del nacionalismo. En 1911 el PNV creó su propio sindicato de orientación católica, Solidaridad de Obreros Vascos, para apartar a los obreros de los sindicatos socialistas.
A partir de 1917 el nacionalismo vasco empezó a tener una representación parlamentaria notable.

El Galleguismo y otros regionalismos (Valencianismo, Andalucismo)
Galleguismo: a mediados del siglo XIX, intelectuales gallegos fomentaron el uso del gallego, surgiendo una corriente denominada “Rexurdimento” (destacó Rosalía de Castro), con un carácter cultural hasta bien entrado el siglo XX.
Valencianismo: nació en el siglo XIX como una corriente cultural, de reivindicación de la cultura propia (Renaixença), destacando Teodor Llorente y Constantí Llombart. El nacimiento del valencianismo político se sitúa a principios del siglo XX, con la creación de “Valencia Nova” en 1904.
Andalucismo: en las primeras décadas del siglo XX se crea el primer Centro Andaluz en Sevilla, con el objetivo de ser un órgano expresivo de la realidad cultural y social de Andalucía. También se celebra la primera asamblea regionalista andaluza, que propuso la autonomía de la región. Destacó Blas Infante.

El movimiento obrero:

Origen del movimiento obrero en España
Mientras determinados grupos sociales se beneficiaron del crecimiento industrial y agrario de finales del s. XIX y principios del XX, la mayoría de la población no mejoró sus condiciones de vida. Esto provocó un aumento de los conflictos sociales.
Las primeras manifestaciones de protesta obrera tuvieron un carácter violento, clandestino y espontáneo. En la década de 1820, el ludismo consistió en la destrucción de las máquinas, que eran responsabilizadas de la pérdida de puestos de trabajo. Pero pronto los trabajadores comprendieron que el origen de sus problemas estaba en las condiciones de trabajo que imponían sus patronos.
Surgió así el asociacionismo obrero, para defender los intereses de los trabajadores. Este movimiento se extendió, creando Sociedades Mutualistas, a las que los obreros entregaban una pequeña cuota para asegurarse una ayuda en caso de desempleo, enfermedad o muerte.
Además, las huelgas, aunque estaban prohibidas, fueron cada vez más frecuentes, con el objetivo de presionar a los patronos. Destaca la primera huelga general declarada en España en el año 1855.

El internacionalismo: Marxismo y Anarquismo
La Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) o Primera Internacional se creó en 1864 para defender a la clase obrera, y agrupaba a diversas asociaciones marxistas y anarquistas.
Tras el triunfo de la revolución de septiembre de 1868, llegó a España un enviado de la AIT, Giuseppe Fanelli, que creó los primeros núcleos de afiliados a la AIT. Fanelli, difundió los ideales anarquistas como si fuesen los de la AIT, lo que ayudó a expandir esta corriente entre los trabajadores, creándose la Federación Regional Española (FRE) de la AIT.
En 1871 llegó a España Paul Lafargue, quien impulsó el grupo de internacionalistas madrileños favorables a las posiciones marxistas, integrado entre otros por Pablo Iglesias.
Las discrepancias entre las dos corrientes internacionalistas (anarquistas y marxistas) culminaron en 1872 con la expulsión del grupo madrileño de la FRE y con la fundación de la Nueva Federación Madrileña, de carácter marxista.

El Socialismo en España: desarrollo y organización
La Nueva Federación Madrileña de la AIT duró poco tiempo. Sus miembros formaron en 1879 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), destacando la figura de Pablo Iglesias.
Era un partido marxista y sostenía que había que aprovechar las oportunidades del sistema parlamentario para acceder al poder, por lo que desde muy pronto participó en las elecciones.
El partido creció en toda España, y a finales del XIX ya existían agrupaciones en muchos lugares. El Partido se organizó mediante las Agrupaciones Socialistas Locales, reunidas en las Agrupaciones Provinciales. La dirección la ejercía una Comisión Ejecutiva, inicialmente presidida por Pablo Iglesias.
En 1888 se fundó la Unión General de Trabajadores (UGT). La coincidencia de sus líderes con los del PSOE hizo que se fuese introduciendo cada vez más en el marxismo.
La UGT tuvo un gran crecimiento. Defendió la acción política para conseguir reformas sociales y laborales, así como la participación de representantes obreros en los organismos estatales. La organización del sindicato se basaba en la federación, a escala local y provincial, de sindicatos de oficio.
El estallido de la Revolución rusa dio hizo que algunos socialistas se mostraran partidarios de la línea bolchevique y se separaran del PSOE en 1921, fundando el Partido Comunista de España (PCE).

El Anarquismo y la agitación Sindical: “La Semana Trágica de Barcelona”
En 1881, la sección española de la Internacional (FRE), de tendencia anarquista, cambió su nombre por el de Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE). La represión sobre los obreros hizo que parte del anarquismo optase por atentar contra los pilares del sistema establecido.
A finales del siglo XIX se vivió la etapa de mayor violencia social mediante diversos atentados, que se manifestaban mediante asesinatos, incendios de cosechas y edificios, que eran reprimidos con violencia.
La proliferación de atentados aumentó la división del anarquismo. Amplios grupos obreros se mostraron contrarios al terrorismo y plantearon la necesidad de fundar organizaciones sindicales. Esta nueva tendencia dio como resultado la creación de la Confederación Nacional del Trabajo (1910).
La CNT se definía como revolucionaria y defendía tres ideas básicas: la independencia del proletariado respecto a la burguesía, la necesidad de la unidad sindical, y la voluntad de derribar al capitalismo. La acción revolucionaria debía llevarse a cabo mediante huelgas y boicots.

La Semana Trágica de Barcelona
A principios del siglo XX España consolidó su penetración en el norte de África, concretamente en el norte de Marruecos, en la zona de El Rif. En 1909, los rifeños derrotaron a las tropas españolas, ocasionando numerosas bajas, lo que provocó el envío de reservistas, muchos de ellos casados y con hijos.
La salida de estos reservistas desde Barcelona provocó una protesta popular el 18 de julio. En este contexto se formó un comité de huelga, que convocó una huelga general para el día 26.
Pero esa huelga derivó en una revuelta popular que desbordó el objetivo inicial de protesta contra la guerra de Marruecos y acabó siendo un estallido de todas las tensiones acumuladas. Se produjeron violentos enfrentamientos en las calles, y las autoridades respondieron con una fuerte represión.
Los sucesos violentos fueron  controlados a principios de agosto. La represión posterior fue muy dura por parte del gobierno de Maura, lo que provocó protestas.

Canarias
A finales del siglo XIX surgieron en Canarias diversos movimientos regionalistas, vinculados a los emigrantes canarios en América Latina, que defendían la autonomía para el archipiélago. Habían surgido a la luz de los movimientos independentistas latinoamericanos y de la crisis de la Restauración.
En Canarias, además de los partidos dinásticos, aparecen en los inicios del siglo XX pequeños grupos políticos de ámbito local y de corte regionalista. Destaca el Partido Popular fundado en 1901 y encabezado por Secundino Delgado, que defendía un régimen autonómico para Canarias. Este partido estaba estrechamente vinculado con la Asociación Obrera de Canarias. Los pobres resultados electorales provocaron su desaparición poco después, aunque sus promotores continuaron con la campaña en defensa de la autonomía a través del periódico “Vacaguaré” (1902).
En los últimos años de la década de 1910, y al calor del nacionalismo catalán, surgen en Canarias algunas organizaciones políticas regionalistas. Serán débiles y de corta vida, y arraigarán sobre todo en Tenerife, como es el caso de la Liga Regional o la Unión Regionalista. Posteriormente, en 1924 destaca la constitución del Partido Nacionalista Canario.
Por otra parte, con el inicio del siglo XX comienza el dinamismo en el movimiento obrero insular. Así en 1900 nacía la Asociación Obrera de Canarias que abría la evolución del movimiento obrero hacia el surgimiento de las federaciones obreras entre 1913 y 1914. Más tarde se produjo la implantación del PSOE y del sindicato UGT entre 1917 y 1919.


4.- La crisis del 98 en España: causas y consecuencias

Introducción:

En 1898, la pérdida de las últimas colonias españolas, Cuba y Filipinas, sumió a la Restauración en una gran crisis política y moral, conocida como el “desastre del 98”, que resquebrajó los fundamentos del sistema y planteó la necesidad de iniciar un proceso de reformas que modernizase la vida social y política del país (Regeneracionismo).

Causas de la crisis del 98:

La política española en Cuba
Tras la Paz de Zanjón (1878), los cubanos esperaban del gobierno español reformas políticas y económicas que mejorasen su situación,  pero la presión de la oligarquía impidió realizarlas.
En Cuba, siguiendo el modelo bipartidista de la Península, se crearon dos grandes partidos:
·         El Partido Autonomista: integrado por cubanos, defendía la autonomía para Cuba y un conjunto de reformas políticas y económicas sin llegar a la independencia.
·         La Unión Constitucional: partido españolista formado por peninsulares instalados en la isla.
El Partido Liberal de Sagasta se mostró favorable a introducir mejoras en la isla, pero durante sus sucesivos mandatos sólo llegó a concretar la abolición formal de la esclavitud en 1888.
La ineficacia de la administración española para introducir reformas en la colonia estimuló los deseos de emancipación, por lo que el independentismo fue creciendo frente al autonomismo.
En 1893 José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, cuyo objetivo era conseguir la independencia. El independentismo aumentó rápidamente su base social y contó con el respaldo figuras clave dentro de Cuba y en el exterior, fundamentalmente en Estados Unidos.

La Guerra de Cuba
En 1895, el Grito de Baire dio inicio a un levantamiento generalizado. El jefe del gobierno español, Cánovas del Castillo, envió un ejército al mando del general Martínez Campos, que entendía que la pacificación de la isla requería combinar una fuerte acción militar y un esfuerzo político de conciliación.
Martínez Campos no logró controlar militarmente la rebelión, por lo que fue sustituido por el general Valeriano Weyler. Se inició una férrea represión que fracasó, ya que el ejército no estaba preparado, y el conflicto se desarrollaba en un medio desfavorable, contra unas fuerzas muy extendidas.
Conscientes del fracaso de la vía represiva propiciada por Weyler, el gobierno lo destituyó del cargo y encargó el mando al general Blanco. Se inició una estrategia de conciliación para lograr un acuerdo con los separatistas. Para ello se decretó la autonomía de Cuba, el sufragio universal masculino, la igualdad de derechos entre los insulares y peninsulares, y la autonomía arancelaria. Pero las reformas llegaron demasiado tarde: los independentistas, apoyados EE.UU., se negaron a aceptar el fin de las hostilidades.
La ocasión para que EE.UU. entrase en la guerra la dio el hundimiento del acorazado estadounidense Maine en La Habana en abril de 1898. EE.UU. culpó a España, comenzando una guerra entre ambos países.  
El ejército español fue derrotado por el norteamericano. En diciembre de 1898 se firmó la Paz de París, por la cual España abandonaba Cuba y Puerto Rico, que pasaron a ser un protectorado de EE.UU.

La Guerra de Filipinas
Paralelamente al conflicto cubano, en 1896 se produjo una rebelión en las Islas Filipinas. El independentismo se fraguó en la formación de la Liga Filipina, fundada por José Rizal en 1892, y en la organización clandestina Katipunan. La insurrección se extendió por la provincia de Manila y el capitán general Camilo García Polavieja llevó a cabo una política represiva.
El nuevo gobierno liberal de 1897 nombró capitán general a Fernando Primo de Rivera, que promovió una negociación con los rebeldes, dando como resultado una pacificación momentánea del archipiélago.
En el caso de Filipinas, EE.UU. también intervino, derrotando al España en la batalla de Cavite. Con la Paz de París, Filipinas pasó a ser un protectorado de EE.UU.

Las Consecuencias de la crisis del 98:

El desastre del 98 se convirtió en símbolo de la primera gran crisis del sistema político de la Restauración. A pesar de la envergadura de la crisis y de su significado simbólico, sus repercusiones inmediatas fueron menores de lo esperado, siendo más visibles a medio plazo.

Repercusiones políticas
El sistema de la Restauración sobrevivió, aunque entró en crisis.  Los nuevos gobernantes intentaron aplicar a la política las ideas del Regeneracionismo.
Se produjo un reforzamiento de los nacionalismos en Cataluña y el País Vasco, el avance de los partidos republicanos, el desprestigio del ejército y la pérdida de credibilidad de los dirigentes políticos.
El desgaste fue importante en los dos partidos dinásticos, pero afectó especialmente al Partido Liberal y a Sagasta, a quien tocó la misión de afrontar la derrota. Consecuencia inmediata fue el final de la carrera de la primera generación de dirigentes, que cedió terreno a los nuevos líderes, como Francisco Silvela y Antonio Maura en el Partido Conservador, o Segismundo Moret, y José Canalejas en el Liberal.

Repercusiones económicas
La independencia de las últimas colonias hacía presagiar un desastre económico, pero sus efectos fueron mucho menores de lo esperado, a pesar de la pérdida de los mercados coloniales, de los ingresos procedentes de las colonias, y de la deuda causada por la guerra.
Destacó el impacto en la industria algodonera catalana y en las exportaciones de harinas castellanas. Al mismo tiempo se encareció la importación de productos desde las antiguas colonias.
A pesar de los problemas, la crisis se superó con rapidez, de tal forma que en los primeros años del nuevo siglo hubo una baja inflación, una reducción de la deuda pública y la repatriación de muchos capitales, que estimularon la creación de bancos y empresas.

El Regeneracionismo, crisis moral e ideológica
La crisis del 98 fue fundamentalmente una crisis moral e ideológica, que causó un importante impacto psicológico entre la población.
En este contexto surge el Regeneracionismo, movimiento en el que destacó Joaquín Costa, un escritor y creador de importantes instituciones sociales y económicas.
Denunciaban la “degeneración” de lo español, la corrupción del sistema político y el atraso económico y social que España presentaba respeto a los países europeos más avanzados.
Defendían una reorganización política, la limpieza del sistema electoral, la dignificación de la vida parlamentaria, la reforma educativa, la acción orientada hacia la ayuda social, las obras públicas y, en definitiva, una actuación encaminada al bien común y no en beneficio de las clases poderosas.

El gobierno Silvela -  Polavieja
En 1899 la presión política hizo que dejase el poder Sagasta. Francisco Silvela, nuevo líder conservador, formó un gobierno que presentó un programa regeneracionista, con el propósito de regenerar la vida política y emprender un ambicioso plan de reformas económicas y de inversiones.
 Pero el gobierno entró pronto en crisis debido a discrepancias internas. El gobierno conservador se mantuvo en el poder hasta que en 1901 la regente otorgó de nuevo el gobierno a los liberales. El espíritu de regeneración había durado un año, y las viejas prácticas del turno de partidos volvieron a aparecer.

Crisis cultural
En el marco de la crisis y del surgimiento del Regeneracionismo, un grupo de literatos y pensadores, conocidos como la Generación del 98, intentaron analizar el “problema de España” en un sentido muy crítico y en tono pesimista. Pensaban que tras la pérdida de los últimos restos del Imperio español, había llegado el momento de una regeneración moral, social y cultural del país.
Trataron de definir la identidad española, y en su mayoría mostraron rechazo a la europeización y a sus valores, defendiendo la cultura española (“casticismo”). Entre ellos destacan Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Antonio Machado, Ramón María del Valle-Inclán y José Martínez Ruíz (Azorín).

Canarias
En 1898 Cuba, Puerto Rico y Filipinas consiguen su independencia de España. Como consecuencia, la entrada en el siglo XX estuvo marcada por el cambio en las relaciones comerciales entre la Metrópoli y sus colonias, de tal forma que las Islas Canarias se verán afectadas en su tráfico marítimo y comercial, al constituir escala importante en esas rutas.
Se registró un recorte de las relaciones comerciales entre ambos territorios. También se produjo una disminución momentánea en la corriente emigratoria canaria hacia Cuba, así como una situación de incertidumbre en el archipiélago, ante el temor de una posible invasión de EE.UU.
Con el desastre del 98 también hubo un retroceso de las fronteras españolas, por lo que Canarias se convirtieron en el enclave más meridional de España. Nuestro archipiélago pasó a ser una parte muy destacada en la frontera sur del Atlántico español, lo que hizo que quedase integrado en el proceso de expansión del imperialismo europeo, convirtiéndose en un importante enclave de comunicaciones.
Esta situación permitió un crecimiento de la economía, aunque la hizo más frágil, al depender excesivamente de los mercados exteriores.

5.- La crisis final de la Restauración: el impacto de la I Guerra Mundial y el agotamiento del sistema político

Introducción

El desastre de 1898 produjo una conmoción general en el país. El régimen de la Restauración entró en una nueva fase, marcada por la llegada al trono de Alfonso XIII en 1902, que finalizó en 1931 con la proclamación de la Segunda República.
Durante este período, una nueva generación de políticos y de movimientos sociales irrumpieron en la vida política española. Los partidos dinásticos intentaron una modernización del sistema, pero la decadencia del régimen fortaleció a la oposición republicana, obrerista y nacionalista.
El problema colonial en Marruecos y el impacto de la Gran Guerra agudizaron los conflictos, que estallaron en los sucesos revolucionarios de 1917. La incapacidad del sistema de la Restauración para renovarse acabó propiciando la solución militar y, en 1923, el golpe de Estado de Primo de Rivera.

Consecuencias de la Primera Guerra Mundial en España: la Neutralidad.

En 1914, estando al frente del gobierno el conservador Eduardo Dato, se produjo el estallido de la Primera Guerra Mundial, que enfrentó a los imperios centrales (Alemania, Austria), con las potencias aliadas (Gran Bretaña, Francia y Rusia). El gobierno declaró la neutralidad española.
Esto supuso una gran oportunidad para la economía del país, ya que la guerra en Europa permitió exportar productos industriales muy demandados en el conflicto, por los que se pagaban altos precios.
No obstante, al dedicarse gran parte de la producción a la exportación, los precios interiores aumentaron mucho. Los salarios no aumentaron, por lo que las clases populares tuvieron problemas para abastecerse de productos básicos, generándose importantes conflictos sociales.

La crisis de 1917: causas y desarrollo.

El régimen de la Restauración fue incapaz de solucionar los múltiples problemas del país, por lo que en 1917, la situación de crisis económica desembocó en una huelga general revolucionaria.
La protesta militar
El ejército tenía un gran número de oficiales en relación con el número de soldados debido a las guerras coloniales, en las que los ascensos se obtenían por méritos de guerra. Esto favorecía a los militares africanistas, frente a los peninsulares. Además, la inflación provocada por la guerra había hecho disminuir el valor real de los salarios, sobre todo entre los militares peninsulares.
El gran descontento de los militares de la península provocó la formación de las Juntas Militares de Defensa, asociaciones de militares que reclamaban mejoras profesionales, pero que también culpaban al gobierno de los males del ejército y del país, y hacían un llamamiento a la renovación política. Este intento de usurpación del poder civil por parte del ejército acabó por reforzar la posición de los militares.

La crisis política
Los gobiernos de esta etapa, presididos por el conde de Romanones y por Dato, continuaron con las viejas prácticas de corrupción política y cerraron las Cortes.
Ante esta situación, en 1917 una representación de diputados de la oposición reclamó al gobierno la reapertura de las Cortes. El gobierno se negó, declaró el Estado de excepción y aumentó la censura.
Como reacción, a iniciativa de la Lliga Regionalista se organizó en Barcelona una Asamblea de Parlamentarios  (julio de 1917) que exigió la formación de un gobierno provisional que convocase a Cortes constituyentes para reformar el sistema político y descentralizar el Estado.
El gobierno no hizo caso a estas reclamaciones y reprimió este movimiento, que acabó desapareciendo sin haber conseguido la reforma constitucional.

La huelga general revolucionaria
En 1916 ya se había producido un importante movimiento huelguístico y, en marzo de 1917, las centrales sindicales CNT y UGT amenazaron con convocar una huelga general. La causa era la situación económica creada por la guerra europea, que produjo profundas desigualdades sociales.
La tensión estalló en agosto de 1917, a raíz de un conflicto ferroviario en Valencia, que provocó la convocatoria de la huelga general. La protesta adquirió un carácter político y revolucionario porque las fuerzas obreras convocantes reclamaban el fin de la monarquía y el inicio de un sistema republicano.
La huelga tuvo una incidencia muy desigual, porque apenas contó con la participación de los sectores campesinos. Se produjeron incidentes importantes en muchos puntos del país, como Madrid, Barcelona, País Vasco y Asturias, donde se llegó a paralizar la vida ciudadana.
La reacción del gobierno fue represiva: se declaró la Ley Marcial y se envió al ejército a aplacar el movimiento. El balance fue de más de setenta muertos, cientos de heridos y miles de detenidos. La huelga general fracasó, pero tuvo unas enormes consecuencias: debilitó aún más al régimen.

La descomposición del sistema político de la Restauración.

Entre 1917 y 1923, la incapacidad de los gobiernos para reformar en profundidad el sistema político, la fuerte conflictividad social y las tensiones por la guerra de Marruecos, hicieron imposible la supervivencia del régimen de la Restauración.

La descomposición política
Los partidos dinásticos, sin líderes claros, se dividieron en diversos grupos, lo que impedía la creación de gobiernos estables. Desde 1917 se recurrió con frecuencia a los gobiernos de concentración, destacando el Gobierno Nacional, impulsado por Maura en 1918.
Fracasados los gobiernos de concentración, se volvió al turno dinástico: entre 1918 y 1923 el país conoció diez cambios de gobierno, y ninguno de ellos alcanzó un año de vida. Fue constante el recurso a medidas de excepción y a la clausura del Parlamento.



Conflictividad obrera y pistolerismo
En España, el final del conflicto europeo generó una crisis económica que provocó de nuevo la movilización obrera y un crecimiento del sindicalismo. Los conflictos produjeron una radicalización de las posiciones de los sindicatos y la patronal.
Para detener a los sindicatos obreros, los patronos contrataron a pistoleros para asesinar a los líderes de los trabajadores. Las autoridades apoyaron a la patronal en estas acciones violentas, y algunos grupos vinculados a la CNT respondieron también con violencia.
Todo ello originó una época conocida como el pistolerismo (1916-1923), durante la cual tuvieron lugar más de 800 atentados en los que murieron 226 personas.

El problema de Marruecos: Annual
A partir de 1900 España consolidó su penetración en el norte de África, concretamente en el norte de Marruecos, donde tuvo que enfrentarse a la resistencia de la población local.
Al comenzar la década de 1920, en la zona oriental del protectorado de Marruecos, en torno a Melilla, las tribus rifeñas atacaban al ejército español continuamente.
En 1921 se intentó controlar a los rebeldes, iniciándose una ofensiva hacia que acabó en un desastre. El ejército fue derrotado en Annual, se perdió el territorio ocupado y hubo miles de bajas.
En 1923 el anuncio de que sería discutido en el Parlamento el caso de Annual, y de que se iban a pedir responsabilidades políticas que podrían implicar al propio monarca, movilizó a sectores del ejército y de la derecha, que desde hacía tiempo veían la solución a la crisis en una dictadura militar. De esta forma, el 13 de septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado y se dirigió al rey para exigir que el poder pasase a manos de los militares.

Canarias

La Primera Guerra Mundial desencadenada en 1914 evidenció la fragilidad del sistema económico del archipiélago, dependiente de los mercados exteriores, al producirse una fuerte crisis de los cultivos de exportación hacia Europa y el considerable descenso en el tráfico marítimo. Esto impidió a su vez el abastecimiento insular, a partir del bloqueo submarino de alemanes e ingleses en las aguas de Canarias.
La crisis económica alcanzó a los diferentes grupos sociales, provocando carestía de la vida y aumento del desempleo. La mala situación económica de las islas, provocó un fuerte movimiento migratorio hacia América, e hizo que al igual que en el resto del Estado, Canarias viviera una época de conflictividad social y política.