3 .-NACIONALISMOS. REGIONALISMOS Y MOVIMIENTO OBRERO

Durante la segunda mitad del s.XIX Europa conoció cambios importantes desde el punto de vista territorial y social. Los primeros se basaron en los nacionalismos (un sentimiento nacido de los principios de libertad defendidos por la revolución francesa: "libertad de los pueblos de elegir su propio destino"; el segundo lo protagonizaron los obreros (basados en las ideas socialistas y anarquistas querrán cambiar la organización social y económica vigente). Ambos serán los motores del cambio de la historia, como antes lo había sido la burguesía y el liberalismo
En España los movimientos nacionalistas y el movimiento obrero se opusieron al modelo de la restauración y a la larga provocarán su crisis. Los partidos nacionalistas y obreros eran opciones políticas fuera del sistema y harán lo posible por conseguir representación parlamentaria y cambiar el modelo político y social español vigente (turno de partidos en el que sólo pueden participar liberales y conservadores; sociedad de clases con privilegios y grandes diferencias económicas).

3.1.- NACIONALISMOS Y REGIONALISMOS

Unos de los fenómenos más destacados durante este periodo fue la aparición de diversos movimientos regionalistas (movimiento que reivindica el reconocimiento de la identidad diferencial de una región, ya sea cultural, económica, administrativa o política y propugna un estado descentralizado) en Galicia, Valencia ... y nacionalistas(se reivindica el reconocimientos de las diferencias pero exige cotas importantes de autogobierno basado en el principio "cada nación un estado") en Cataluña y el País Vasco.
El origen de estos movimientos se debió a distintos factores que varían según las características de cada zona concreta, pero a pesar de estas diferencias todos defendían el particularismo lingüístico, cultural, institucional e histórico frente a las tendencias centralistas del estado liberal que fue incapaz de organizar un nacionalismo español, pues éste se identificaba con el tradicionalismo católico. La ineficacia del sistema de la restauración para resolver la democratización del país (la manipulación de las elecciones era cada vez más frecuente) o la política colonial que se seguía en Cuba, permitió a los partidos nacionalistas presentarse como los únicos capaces de regenerar el país e impulsar un desarrollo económico y cultural.
3.1.1 EL NACIONALISMO CATALÁN
El sentimiento nacionalista catalán tiene su primera manifestación en los años treinta del s. XIX coincidiendo con todo el movimiento nacionalista europeo. Este sentimiento que busca sus señas de identidad en el pasado, comenzará con un movimiento de recuperación cultural conocido como la Renaixensa, que intentará fortalecer la lengua propia de esta zona, el catalán, convirtiéndola en una lengua no sólo hablada en la calle sino literaria. Su labor de difusión será importantísima con libros y periódicos. El movimiento literario propiciará el nacimiento de movimientos políticos después de mediados de siglo que buscarán, dentro del juego parlamentario, el autogobierno para la región catalana. La justificación de este nacionalismo político se busca en:
- La historia propia y diferenciada del resto del estado español: Cataluña fue una entidad política diferenciada hasta el siglo XV y respetada por la monarquía hispánica de los Reyes Católicos y los Austrias. Sólo el primer Borbón, Felipe V, les quitó sus privilegios
- En una lengua diferente, tan antigua como el propio castellano y conservada en público y en privado
- En una realidad económica diferenciada del resto de España: el desarrollo industrial desde los años 40 del s. XIX se hizo en la periferia y Cataluña será una de estas zonas. Este desarrollo económico estuvo unido a una importante burguesía industrial y de negocios con mentalidad empresarial, a una pequeña burguesía comercial urbana, a unas clases populares formadas por trabajadores independientes y a una clase obrera moderna e industrial. Serán estos grupos sociales y especialmente los dos primeros los que defenderán el autogobierno de Cataluña. Es, en este contexto, donde tenemos que situar el nacimiento del nacionalismo político catalán que se va a identificar con los intereses económicos de las clases sociales emergentes. Este se mueve entre el federalismo republicano y el conservadurismo tradicionalista y católico
El primer partido que se formó para reclamar la autonomía para Cataluña dentro del estado español fue La Centre Catalá creada por el federalista Valentí Almirall. Este proyecto político liberal y laico fracasó y a finales de siglo se inició un predominio del catalanismo conservador.
En 1891 se constituyó la Unió Catalaniste, fruto del esfuerzo unitario de las diferentes opciones políticas. Los hombres mas importantes de este partido fueron su presidente Lluis Doménech i Montaner y el secretario, Prat de la Riba. Ellos elaboraron el primer programa político del catalanismo, conocido como las Bases de Manresa, que defendía el autogobierno para Cataluña; un autogobierno dentro de posturas autonomistas y nunca independentistas, por eso aclara cuales serían las competencias del poder central, diferenciadas de las competencias del poder autónomo. Se pide, en este documento, el reconocimiento de un gobierno y un cuerpo legislativo propios, éstos sólo tendrá competencias en política interior.
Con las "Bases de Manresa" se intenta dar respuesta a las aspiraciones catalanistas. Este proyecto autonomista continuará en 1901 con la creación de la Lliga Regionalista en la que la Prat de la Riba, el ideólogo de la Unió Catalaniste junto con Francesc Cambó agruparán a todos los sectores conservadores del catalanismo, iniciándose así un proyecto unitario y duradero en la defensa de los intereses catalanes. Los dos objetivos primordiales de la Lliga consistían en demandar la autonomía política de Cataluña dentro de España y defender los intereses económicos de las cuatro provincias, sobre todo reclamando mayor protección para las actividades del empresariado industrial catalán. Los propósitos autonomistas de la Lliga colisionaron con el cerradocentralismo de los gobiernos de la Restauración, cuya única e insuficiente respuesta fue la creación, por el gabinete presidido por el conservador Eduardo Dato, en 1914, de la Mancomunidad de Cataluña, un organismo que agrupaba a las diputaciones provinciales catalanas con fines exclusivamente administrativos.
La Lliga fue el partido nacionalista catalán más importante hasta 1923 (momento en que se inicia la dictadura de Primo de Rivera tras el golpe de estado que él mismo protagonizó) y fue el partido que hizo perder peso a los partidos dinásticos pues contó con el apoyo mayoritario de la burguesía catalana y de las clases medias. Su irrupción en la política provocó en 1901 la crisis de la política caciquil.

3.1.2.- EL NACIONALISMO VASCO

El nacionalismo del País Vasco tuvo peculiaridades distintas al catalán. Su fundamento ideológico era: una lengua propia, el eusquera y la defensa de sus fueros históricos que fueron derogados durante la Restauración en 1876. Esta pérdida de los fueros junto con la industrialización que conoció el País Vasco (con la formación de una burguesía industrial y financiera vinculada al sistema canovista y al españolismo) y la llegada de inmigrantes de otros territorios (obreros que se vinculan al socialismo) favorecieron el desarrollo del sentimiento nacional porque veían peligrar sus costumbres y tradiciones.
El propulsor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, configuró el primer programa político nacionalista y fundó en 1895 el Partido Nacionalista Vasco en el que se recogen los siguientes fundamentos teóricos:
1.- Defensa de la recuperación de la independencia vasca: creación de un estado con fronteras formado por Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, Navarra, Laburdi y Zuberoa.
2.- Radicalismo antiespañol.
3.- Exaltación de la etnia vasca, oposición a los matrimonios entre vascos y foráneos.
4.- Integrismo religioso católico y absoluta negación de cualquier otra religión no católica.
5.- Promoción del idioma y recuperación de las tradiciones culturales vascas.
6.- Apología del mundo rural vasco
El P.N.V. se definía como un partido muy conservador, opuesto al liberalismo, la industrialización, el españolismo y el socialismo. En los primeros momentos tuvo escasa presencia, pero a partir de 1898-99 la base social se amplió y tuvieron los primeros éxitos electorales en el ámbito local y provincial.
Desde entonces convivieron dos tendencias: una posibilista que propugnaba la reforma del Estado y la autonomía y otra radical y seguidora de los postulados independentistas de Sabino Arana.
Los objetivos planteados tanto por el nacionalismo catalán como por el vasco no tendrán respuesta durante el periodo de la Restauración, sólo la Lliga consiguió la Mancomunidad. La falta de respuesta por parte de la administración central les llevó a protagonizar la crisis de la Restauración, concretamente la Lliga será el partido político protagonista de la Asamblea de Parlamentarios que fue una de las crisis que en 1917 estuvo a punto de poner fin a la Restauración.
Sólo durante la Segunda República Española, catalanes y vascos conseguirá su estatuto de autonomía.
Podemos destacar otras manifestaciones regionalistas, pero de poca trascendencia durante este periodo: los regionalismos gallego y valenciano
E l regionalismo gallego: La situación de atraso socioeconómico en Galicia dificultó la implantación del galleguismo que en sus inicios se limitó a una minoría intelectual que actúo como su impulsora. Este regionalismo se inició como un movimiento cultural, el Rexurdimiento, que buscó respuestas al atraso económico y cultural de Galicia y cuyas figuras más destacadas fueron Rosalía de Castro y Manuel Murguía, exponentes de un liberalismo progresista. Paralelamente se desarrolló una corriente conservadora, tradicionalista y fuertemente católica heredera del carlismo que tiene en Alfredo Brañas su principal teorizador.
El regionalismo valenciano: fue un fenómeno minoritario y tardío. Sus inicios coinciden con el renacimiento cultural de los años setenta que impulsó la formación de la sociedad Lo Rat Penat. Es a principios del s. XX cuando se inician los planteamientos políticos con la formación de Valencia Nova que reclamaba la autonomía.


3.2.-El MOVIMIENTO OBRERO

El movimiento obrero se organiza en España durante el periodo de la Restauración y coincidiendo con épocas de mayores libertades, especialmente durante los gobiernos de Sagasta. En periodos anteriores es poco significativo y se centra básicamente en algunas asociaciones de solidaridad y en acciones luddistas (destrucción de máquinas) en la Cataluña industrializada de la primera mitad del s.XIX.
El movimiento obrero, entendido como la actividad política y social de los obreros y campesinos para mejorar su situación económica y laboral y defender sus derechos dentro de la sociedad capitalista, se consolida después de los años 80 del s.XIX y no sólo ejercerán una oposición política, sino que actuarán de forma violenta para conseguir sus objetivos. No sólo lucharán por sus mejoras sino que tendrán como objetivo final destruir la sociedad capitalista, porque la consideran la responsable de todas las desigualdades. Las dos ideologías mayoritarias en el movimiento obrero fueron: la anarquista y la socialista o marxista.

3.2.1.- EL ANARQUISMO

Esta corriente fue la que tuvo una mayor aceptación sobre todo después de la visita a España de Giusepe Fanelli (1869), discípulo de Bakunin para organizar la sección española del la AIT (asociación internacional de trabajadores) o Iª Internacional. (en 1864 anarquistas, socialistas y otros sindicatos de Europa se reunieron en Londres y fundaron la Primera Internacional, es decir, una organización obrera que intentaba dar unidad a todo el movimiento obrero).
El anarquismo significaba la separación del mundo obrero de la política oficial, una vez fracasados los intentos de cambio en la Primera República. Los obreros desconfiaban de cualquier acción reformista del Estado y lucharon contra éste.
Tras el golpe de estado del general Pavía que pone fin a la primera fase de la República, el gobierno declaró ilegales en 1874 las asociaciones ligadas a la AIT y se inició la persecución y represión policial con numerosas detenciones. Los anarquistas, ahora en la clandestinidad, se dividieron en dos tendencias: la de quienes proponían replegarse para esperar tiempos mejores y la de quienes proponían la "política de los hechos", es decir, el terrorismo. La Mano Negra (1874-1883) fue signo de esto último, aunque la oligarquía andaluza exageró acciones terroristas para acabar con toda reivindicación laboral.
Cuando en 1881 el gobierno de Sagasta autorizó nuevamente las organizaciones internacionales, afirmándose así la libertad sindical y la legalidad de las asociaciones proletarias, comenzó un periodo de intensa actividad propagandística y organizativa obrera con asambleas, congresos, creación de periódicos, publicación de manifiestos, mítines, huelgas y manifestaciones callejeras (como las celebraciones del 1 de Mayo).
Ese rápido crecimiento del movimiento sindical inquietó a la burguesía conservadora y a los empresarios pues consideraban que la AIT representaba una amenaza para el orden establecido y para sus intereses económicos.
Dentro del obrerismo español se mantuvo el predominio de la corriente anarquista, que se dividió en múltiples tendencias, entre las cuales destacó la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) creada en 1881. Esta división condujo a los anarquistas a una ineficacia en el mundo laboral, para contrarrestarla los grupos más exaltados recurrieron al terrorismo.
En 1901 diversos grupos anarquistas comenzaron a publicar en Cataluña un periódico, "Solidaridad Obrera" que en 1907 patrocinó a una asociación de igual nombre. Fue una de las protagonistas de la Semana Trágica de Barcelona (1909). En 1910 el líder del anarquismo español Anselmo Lorenzo fundó la Confederación Nacional de Trabajo (CNT) un sindicato que hacia 1919 tenía ya 714.000 afiliados los que nos indica la gran aceptación de este sindicato que tuvo una importante actuación en la crisis de 1917.
Los principales rasgos ideológicos que definían a los anarquistas eran:
  • Rechazo de cualquier autoridad impuesta: "No al Estado, no al ejército, no a la Iglesia"
  • Rechazo de la propiedad privada y defensa del colectivismo.
  • Defensa de la revolución violenta y del recurso a las huelgas generales, insurrecciones, sabotajes y actos terroristas como medio para destruir el estado burgués al que consideran opresor.
  • Apoliticismo. Rechazan el juego político y la participación de las elecciones.
  • Anticlericalismo.
Este movimiento fue seguido en su mayoría por jornaleros andaluces y obreros industriales catalanes y levantinos

3.2.2.-EL SOCIALISMO

Al igual que el anarquismo se desarrolla en épocas de mayores libertades. En 1879 y coincidiendo con la apertura del gobierno de Martínez Campos se funda el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Su fundador fue Pablo Iglesias seguidor del socialismo marxista que resaltaba la necesidad de la participación política de la clase trabajadora; de la formación de un partido obrero capaz de enfrentarse al sistema político y económico vigente. Las ideas básicas del programa socialista eran:
1.- Posesión del poder político por la clase trabajadora. Acabaría con la lucha de clases y crearía un estado comunista donde todos fueran iguales. Hasta este momento aceptarán el juego político para ir madurando en sus objetivos
2.- Transformación de la propiedad privada en propiedad social (única forma de eliminar las diferencias y crear una sociedad de iguales)
3.- Medidas políticas y económicas de inmediata realización para alcanzar el fin propuesto: petición de derechos de asociación y reunión, de libertad de prensa, de sufragio universal; la jornada de ocho horas y el salario igual para trabajadores de ambos sexos.
4.- Rechazo del terrorismo, práctica que consideraba una falsa vía para la liberación de los trabajadores.
5.- Oposición a la expansión colonial y a las guerras. (medios que utilizan los países capitalistas para consolidar su sistema económico)
Aprovechando la ley de asociaciones del gobierno de Sagasta de 1887 y la mayor concentración obrera en Cataluña se creó en 1888 la Unión General de Trabajadores (UGT) un sindicato vinculado al PSOE. Su líder hasta 1925 fue también Pablo Iglesias quien consiguió ser diputado en 1910. El sindicato socialista tuvo menos afiliados que el anarquista, en 1919 contaba con 240.114 afiliados y se concentró en Madrid, Asturias y Vizcaya. A pesar de las malas relaciones con los anarquistas (planteamientos ideológicos y de acción política los separaban) se unieron y protagonizaron la huelga general de 1917.
Frente a estos sindicatos de clase, que sin duda fueron los más importantes, se formaron otros vinculados a planteamientos católicos como: La Confederación Católica Agraria (en 1919, 20.000 afiliados) y La Solidaridad de Obreros Vascos.