2.-LOS PROCESOS DE URBANIZACIÓN E INDUSTRIALIZACIÓN EN LA ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN

El desarrollo industrial español se inició al mismo tiempo que se producía la formación del estado liberal, hacia los años cuarenta del siglo XIX. En esos momentos se produjeron modificaciones en la estructura de la propiedad de la tierra tras los procesos desamortizadores (se liberó la propiedad y muchas tierras pasaron a la burguesía más adinerada aunque no se mejoró la situación del campesinado ni se formó la tan deseada clase media campesina) y se inició un cierto desarrollo industrial localizado en algunas zonas del sur de España (Málaga), y especialmente en el norte en Vascongadas, Asturias (industria siderúrgica asociada a las minas de carbón) y en Cataluña (industria textil). Unido a este primer desarrollo industrial comenzó la construcción de carreteras y ferrocarriles, medios de comunicación necesarios para crear un mercado nacional que permitiera un rápido crecimiento, sin embargo no fue así y esta primera etapa de industrialización fue muy lenta y estuvo perjudicada por la inestabilidad política y los enfrentamientos civiles.
En la década de los ochenta y coincidiendo con el periodo de la Restauración, España conocerá su despegue industrial, favorecido por la estabilidad política que caracterizó a esta etapa.
En estos momentos, Europa conoce grandes trasformaciones económicas, conocidas como la IIª revolución industrial, transformaciones que se debieron a la consolidación de las industrias tradicionales como la textil y la siderurgia y al desarrollo de nuevas como la química, la metalúrgica, las alimentarias o las automovilísticas; a la utilización de nuevas fuentes de energía como el petróleo y la electricidad y a los nuevos medios de transporte como el, automóvil y el avión. Todas ellas contribuyeron a cambiar la vida de los europeos de entonces. España también participará de estos cambios aunque más lentamente y aunque hacia los años treinta del s. XX todavía fuera una sociedad rural y atrasada, las transformaciones las podemos apreciar en el proceso de urbanización y en el desarrollo de algunos sectores industriales.

2.1.-La expansión urbana

La población española durante el periodo de la Restauración conoció un crecimiento lento pero continuo: 16,6 mill. en 1877; 18,5 en 1900 y 21,3 en 1920. Canarias fue la región con mayor crecimiento real en este periodo. Las causas de este crecimiento lento hay que buscarlas en el mantenimiento de las altas tasas de natalidad (37,5% entre 1878 y 1900; un 29% ente 1920 y 1930) y un fuerte descenso de la mortalidad (30% entre 1878 y 1900; 19% entre 1920 y 1930, excepto en 1885 (epidemia de cólera) y 1918 (epidemia de gripe). La esperanza de vida aumentó (29 años en 1860, 35 años en 1900 y 50 años en 1930) y el proceso migratorio fue muy importante tanto hacia el exterior (entre 1882 y 1914 más de un millón de gallegos, asturianos, vascos y canarios llegaron a las antiguas colonias americanas) como en el interior del país.
El movimiento del campo a la ciudad fue muy intenso y tuvo como consecuencia el desarrollo de las ciudades y el aumento de la población urbana: en 1877 la población que vivía en localidades de más de 10.000h. no superaba el 20%, en 1900 era el 32% y en 1930 el 42%. Las ciudades se modificaron para acoger a la nueva población, se derribaron las murallas, aparecieron los ensanches (nuevos barrios burgueses junto a las grandes vías) y suburbios periféricos de casas humildes. Mejoraron las comunicaciones al aplicar al transporte urbano la electricidad (tren, tranvía o metro) y el petróleo (coches y autobuses). Este crecimiento urbano fue desigual, se localizó en la periferia (zona de mayor desarrollo industrial) y en Madrid (capital del reino y ciudad comercial y bancaria).
Las ciudades que más crecieron fueron Barcelona y Madrid que hacia 1900 tienen más de 500.000h. y en 1930, alrededor del millón; hacia 1877, la primera no superaba los 250.000h. y la segunda los 400.000. Fueron en estas ciudades donde se apreciaron más claramente las modificaciones en el espacio urbano. (arquitectos españoles de la época proyectaron audazmente el ensanche de Barcelona-plan Cerdá- y el de Madrid - Arturo Soria-. Concretamente, el crecimiento de la ciudad de Barcelona se convirtió a finales del s. XIX en un modelo urbano europeo: de un lado, barrios obreros con rasgos comunes: viviendas, talleres, fábricas con vía y estaciones de ferrocarril para acoger a la incesante llegada de inmigrantes y de otro unos barrios promocionados por la burguesía industrial trazados en manzanas cuadrangulares y con unos edificios en que los arquitectos se esforzaron por plasmar el arte modernista catalán. (el paseo de Gracia con sus viviendas diseñadas por Gaudí) Otras ciudades que crecieron fueron: Bilbao con una gran transformación de su puerto, San Sebastián y Santander convertidas a finales de siglo en centros de veraneo de las clases pudientes. En los primeros treinta años del siglo XX, las capitales de provincia incorporaron en mayor o menor grado los nuevos servicios como la electricidad, el gas, los tranvías eléctricos, los automóviles.

2.2.- La industrialización: aspectos generales

La industrialización en España fue lenta en comparación con otros países occidentales como Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania; muy localizada (en la periferia) y sin planificación. A finales del s. XIX, en España convivían dos mundos diferenciados: unas pocas áreas industrializadas en la periferia y una zona interior inmensa dedicada a actividades agrarias. La única excepción era Madrid, capital del reino, donde crecieron industrias de bienes de uso y consumo.
Un análisis más detallado nos permite distinguir tres áreas económicas configuradas hacia finales del S. XIX:
- Áreas agrarias del interior dedicadas a cultivos extensivos de productos de gran consumo, principalmente cereales, con muy bajos rendimientos. Resiste a la competencia extranjera gracias a un rígido proteccionismo. También se desarrolla una agricultura basada en el viñedo: vinos de la Mancha, la Rioja o León (motivada por la demanda exterior ante la crisis de los vinos franceses afectados por la filoxera)
- Áreas periféricas industriales: Cataluña, Vascongadas y zonas del Cantábrico. Producen para el mercado nacional porque sus altos costes y su baja productividad les impiden competir en los mercados internacionales y por tanto necesitan un rígido proteccionismo.
- Áreas periféricas mediterráneas: producen productos hortofrutícolas, aceite y vinos que exportan al exterior, favoreciendo la importación de materias primas y bienes de equipo necesario para la producción industrial.
Canarias se especializará en la producción de tomates, plátanos y tabacos, productos de exportación que se ven beneficiados por el desarrollo de sus puertos, el de La Luz y el de Santa Cruz.
Esta situación fue potenciada por la burguesía industrial española y el poder político fue incapaz de romper esta división entre la España interior agrícola y atrasada y la periférica moderna y capitalista. Tampoco España tomó el liberalismo económico como teoría para el desarrollo industrial. Los gobiernos se movieron en el dilema: proteccionismo ó liberalismo. Y triunfó el proteccionismo como única forma de potenciar la industria nacional.
a.-Los sectores económicos: la minería y la industria.
La minería.
El desarrollo minero y el avance industrial se desarrollaron con rapidez entre 1870 y 1900.
La producción de carbón aumentó de forma considerable ante la demanda de hulla para abastecer la industria siderúrgica vasca y el ferrocarril. La producción disminuyó hacia 1910 y hubo que recurrir a la importación de la hulla inglesa, que resultaba más barata y de mejor calidad. El sector pudo subsistir por la protección arancelaria del Estado.
La producción de hierro siguió la línea del carbón pero no conoció retroceso, no sólo se utiliza en las industrias españolas sino que se exporta en grandes cantidades hacia Europa (Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania) lo que indica la debilidad del desarrollo industrial español.
La actividad minera con alta rentabilidad estuvo en manos de empresas extranjeras especialmente en la minería andaluza (plomo, cobre, mercurio y hierro), lo que provocó que no se invirtieran los beneficios en desarrollo industrial de la zona. Caso aparte es el de la industria del hierro en Vizcaya pues la participación de capitales extranjeros potenció una industria local muy importante, ya que más del 56% de los beneficios se reinvertían en la financiación de las industria vasca. Así nació una burguesía pujante que contó con el apoyo de la banca del país.
La industria
La industria textil se concentró básicamente en Cataluña. En 1860 dominaba el mercado nacional. Esto sólo se explica, en una región que carecía de las materias primas necesarias, el algodón y el carbón, por las medidas proteccionistas y por la reserva del mercado colonial (Cuba y Puerto Rico).
Durante la primera etapa de la Restauración, la industria textil catalana se mecanizó y sus importaciones de algodón se triplicaron entre 1876 y 1900 .Empresarios como Batlló, Güell, Muntadas o Rius crearon en Barcelona y comarcas próximas una serie de fábricas que fueron rentables porque disponían del mercado exclusivo en las Antillas hasta la crisis del 98. La pérdida de las últimas colonias españolas produjo una crisis en el sector de la que se recuperó gracias a los pedidos de los países beligerantes durante la 1ª Guerra Mundial (1914-1918).
Esta industria atrajo a otras y en Barcelona se instalaron nuevas compañías industriales: La Maquinista Terrestre y Marítima fabricó las primeras locomotoras españolas, La Hispano Suiza los primeros automóviles y la Compañía Catalana de Gas y Electricidad y la Canadiense posibilitó el empleo de nuevas energías. A principios del s.XX Barcelona y sus alrededores constituían la zona más desarrollada y próspera del país.
La industria siderúrgica. Desde los años 40 la incipiente industria se encaminó a la fabricación del hierro y el acero. Hasta 1850 el predominio fue de la minería andaluza; después de esta fecha se produjo el predominio asturiano localizado en Mieres y la Felguera. Los hermanos Pedro y Julián Duro instalaron las primeras calderas para fundir hierro en 1865. Después de 1870 Vizcaya se convertirá en el centro industrial por su renovación tecnológica (proceso Bessemer) y por inversión de capitales procedentes de la exportación del hierro. En 1882, financieros como Villalonga, Ibarra, Urquijo, Chavarri y Olano constituyen dos empresas siderúrgicas: "La Vizcaya" y "Altos Hornos" que no dejaron de crecer hasta la crisis mundial de 1929 y proporcionaban la mitad del acero español. En 1888 Echevarría fundaba "S.A. Iberia" y en 1902 se fusionaban las tres empresas en "Altos Hornos de Vizcaya".
Derivada de la industria siderúrgica fue la naval. En1888 se creó la sociedad "Astilleros del Nervión" y en 1890, la sociedad "Euskalduna"
Por último tenemos que señalar las nuevas industrias como la eléctrica y la química. La primera permitió la implantación de la electricidad en España. En 1881 en muchas zonas de Madrid había alumbrado eléctrico, un año después sucedía lo mismo en Barcelona. A finales de siglo todas las ciudades de una cierta importancia tenían alumbrado eléctrico. La segunda tuvo un importante desarrollo en Cataluña ligada a la industria textil y permitió una limitada industrialización en Aragón.
Durante el periodo de la Restauración España intenta unirse al tren de la industrialización europea pero no lo consigue pues lleva años de atraso en su desarrollo económico explicable por: el alto porcentaje de población rural, por la falta de modernización del campo y la inexistencia de una clase media propietaria de campesinos; por la escasez de una burguesía emprendedora, sólo el País Vasco y Cataluña la tienen (por ello fueron los núcleos importantes de la industrialización española) y por los bajos salarios de campesinos y obreros industriales .A ello hay que unir las políticas económicas proteccionistas que provocaron a la larga la falta de competencia de la industria nacional. A pesar de todo ello las formas de vida de los españoles y especialmente de aquellos que vivían en las ciudades se vieron profundamente transformadas.