1.- EL RÉGIMEN POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN Y SUS FUNDAMENTOS SOCIALES

La Restauración es un período amplio que ocupa los reinados de Alfonso XII (1875-85), la Regencia de Mª Cristina de Habsburgo (1885-1902) y de Alfonso XIII (1902-1923).
Este nuevo sistema político se inicia tras el golpe de estado de Arsenio Martínez Campos (29-12-74) en Sagunto y supuso, no sólo el restablecimiento de la monarquía borbónica sino la restauración del liberalismo doctrinario, un liberalismo moderado que permitió que el poder político estuviera en manos de la burguesía conservadora.
Si bien Arsenio Martínez Campos con su acción precipitó la llegada de Alfonso XII fue D. Antonio Cánovas del Castillo el que la había preparado desde el Sexenio Democrático, y fue sin duda el artífice de la Restauración.
La situación que vivía la España de entonces caracterizada por:
  • Fragilidad e incapacidad de la República para resolver los conflictos: la guerra carlista y la guerra de independencia de Cuba.
  • La pasividad y debilidad de toda la oposición social a la Restauración porque ni los obreros ni los campesinos se sintieron identificados con la política del Sexenio Democrático favorecía el proceso restaurador (búsqueda de la moderación en la acción política). A esto se unía:
  • el apoyo de grupos sociales que buscaban el orden y la estabilidad - alta burguesía, grandes propietarios de tierras, los plantadores cubanos, los mandos y oficiales del ejército y la iglesia católica- favorecieron el cumplimiento de su proyecto: la vuelta a la Monarquía de forma pacífica.
Cánovas del Castillo, contando con estos apoyos, preparó la llegada al trono de Alfonso XII porque creía que era la única forma de dar estabilidad y progreso al país. A principios de diciembre de 1874 redactó el manifiesto de Sandhurst en el que se presenta a Alfonso XII como el rey de todos los españoles. Antes, en 1870 se había logrado que Isabel II abdicara en favor de su hijo.
Necesitaba para llevar a cabo su proyecto:
  • Un partido conservador cohesionado y liderado por él mismo
  • Terminar con las intervenciones militares en la vida política
  • Diseñar un nuevo sistema político basado en el poder compartido- Cortes y Rey- y en el turno pacífico de partidos que defendieran la monarquía (partido conservador y partido liberal).
El 31 de diciembre, tras el golpe de estado y la dimisión del gobierno republicano, Cánovas comunica a Alfonso XII su proclamación como rey y desde el primer momento toma diversas medidas para restablecer la autoridad de la Corona. Nombró a gobernadores y alcaldes monárquicos y decretó medidas de represión contra la oposición cuyas actividades quedaron prohibidas. Quiso ganarse el favor de la Iglesia y le garantizó las aportaciones económicas del Estado y entró en contacto con los líderes progresistas y demócratas porque quería conseguir que aceptaran la Monarquía y se sumaran al nuevo régimen político.
Además inició una política de pacificación que tuvo como resultado el fin de la guerra carlista con la rendición de los rebeldes en marzo de 1875; ello hizo posible el envío de nuevas tropas a Cuba y poner fin a la guerra iniciada en 1868. Lo logrará gracias a la labor negociadora de Martínez Campos en 1878.
Sin duda, la labor más importante de este primer gobierno fue la convocatoria a Cortes Constituyentes por sufragio universal masculino para que estuviera representados todos los partidos políticos y dar así legitimidad al nuevo régimen (sin embargo el proceso electoral fue manipulado para dar una amplia mayoría a las candidaturas del gobierno). La labor de estas Cortes fue la redacción de una nueva constitución, la de 1876, que fue el marco de actuación de todo el período. Fue aprobada el 15 de febrero con el 87% de los votos.
La Constitución del 76 es un texto flexible con el objetivo de permitir gobernar de manera estable a los partidos que acepten el sistema, sin embargo su inspiración es claramente conservadora. En ella se recoge
La declaración de derechos y deberes: es amplia y recoge las conquistas de la del 69, pero en la práctica estuvieron restringidos, especialmente los derechos de imprenta, expresión, asociación y reunión.
El principio de soberanía compartida: establece que la potestad de hacer leyes reside en "Las Cortes con el Rey."
La división de poderes: el poder legislativo reside en unas Cortes bicamerales. El Senado (compuesto por tres tipos de senadores: por derecho propio, por designación real y por elección). El Congreso es elegido por sufragio directo, pero no se fija el sistema de votación; será el partido que gobierne el que determine por la ley electoral si el sufragio debe ser censitario o universal.
El poder ejecutivo lo ejerce la Corona a través de los ministros. El rey elige libremente al jefe de gobierno y no es responsable ante las cortes.
El poder judicial es independiente.
El centralismo se acentúa porque los ayuntamientos y las diputaciones son controlados por el gobierno y se suprimen los fueros vascos
La cuestión religiosa se resuelve mediante el reconocimiento de la confesionalidad católica del país y la garantía del sostenimiento del culto y del clero y el reconocimiento de otras creencias pero sin manifestaciones públicas.
El marco de actuación quedaba establecido en la Constitución, ahora, para conseguir la estabilidad política se hacía necesaria la alternancia pacífica en el poder. Ello se logró a través del turno de partidos.
El turno de partidos: dos partidos, el conservador y el liberal, considerados como partidos dinásticos, eran los que participaban en la alternancia política. Esta alternancia significó el fin del exclusivismo (ningún partido monopolizaría el poder) y la eliminación del recurso al pronunciamiento militar o a la insurrección.
El partido conservador estuvo dirigido por A. Cánovas del Castillo hasta 1897, momento en que fue asesinado por un anarquista. Se formó a partir de la integración de antiguos moderados, unionistas y alguna facción del progresismo. Su programa estaba basado en la defensa del orden social, de la monarquía y de la propiedad
El partido liberal: en 1880 se formó el partido fusionista que pronto se denominó liberal, estuvo dirigido hasta 1903 por Práxedes Mateo Sagasta. Se formó a partir de la integración de progresistas, demócratas y algunos republicanos. Sus miembros aceptaron la Constitución y la Monarquía para poder participar en juego político. Defendían las libertades amplias, el sufragio universal, la libertad religiosa y la libertad de cátedra.
Unos y otros defendieron y llevaron sus programas en el momento en que gobernaron.
Para que el sistema funcionara era necesario el acuerdo de ambos partidos y la intervención de la corona para asegurar este compromiso.
El turno de partido se pone en marcha desde 1881, cuando Sagasta sustituye a Cánovas en el gobierno; pero la consolidación definitiva tuvo lugar en 1885 tras la muerte de Alfonso XIII y la firma del "Pacto de El Pardo". Desde este momento y hasta la Iª Guerra Mundial (1914-18) se mantuvo sin complicaciones.
El funcionamiento del turno de partidos era el siguiente:
1.-Cuando el partido en el poder se veía sometido a fuertes presiones internas, el rey llamaba a gobernar al otro partido. En el primer momento este partido tendría el apoyo de la Corona pero carecía del respaldo de las Cortes que era imprescindible en un régimen constitucional.
2.- El rey otorgaba al nuevo presidente del gobierno el decreto de disolución de las Cortes. Se preparaban nuevas elecciones que se manipulaban para que el resultado satisficiera al nuevo gobierno y respetara a la oposición. La representación parlamentaria se distribuía entre una mayoría en el partido del poder, un número importante del partido de la oposición y escasa representación de otros partidos no dinásticos
El funcionamiento del sistema descansaba en dos condiciones pactadas:
1.-La implicación de la Corona en el sistema político como árbitro de los partidos. El rey podía decidir cuándo era conveniente la sustitución de un partido por otro.
2.- El falseamiento electoral que era el único medio para crear las mayorías parlamentarias necesarias en cada momento. En la práctica el gobierno no dependía de las Cortes, era el gobierno quien las fabricaba.
Esta manipulación electoral se conseguía con dos mecanismos: el encasillado y el pucherazo.
El encasillado: las fuerzas políticas negociaban y se repartían los distritos electorales entre los partidos dinásticos. La mayoría de los puestos era otorgada a sus propios candidatos, una minoría al partido turnante y muy pocos puestos a los partidos de minorías
El pucherazo: era la manipulación o cambio de los resultados electorales y arreglo de las cifras de votos para ganar las elecciones. Los partidos hacían uso de: compra de votos, intimidación, utilización de electores fallecidos o "colocar la urna en un hospital de epidémicos como ocurrió en Madrid en 1886".
Toda esta manipulación era posible por la existencia del caciquismo. El caciquismo era la relación política que se establecía entre una persona y sus clientes y tuvo un papel predominante en el mundo rural. Los rasgos que definían a un cacique eran: jefe de un partido político muy influyente que actuaba a nivel local y comarcal. Su influencia la ponía al servicio del partido que defendía y era un intermediario entre el Estado y su zona. Utilizaba prácticas escandalosas para conseguir sus objetivos (intimidación, violencia... ayudado por las fuerzas del orden - la guardia civil-)
Con este sistema era evidente que la opinión del pueblo y sus votos no eran decisivos. Pudo mantenerse porque la población española era básicamente rural y tenía altos grados de analfabetismo y porque hasta principios de siglo, los partidos de oposición (los republicanos, los nacionalistas, los socialistas) no supusieron un grave peligro para la Monarquía. Esta realidad generalizaba se rompía algunas veces en las ciudades porque en ellas el voto era más libre (en las elecciones generales el sistema funcionaba perfectamente, en las municipales, especialmente en las grandes ciudades no era así).
Ya hemos señalado que la práctica del turno se mantuvo sin grandes dificultades hasta la Iª Guerra Mundial: Cánovas del Castillo presidió los primeros gobiernos de la Monarquía con Alfonso XII. Las medidas que tomaron fueron: poner término a los conflictos bélicos, la aprobación de medidas centralizadoras, el establecimiento de un nuevo arancel aduanero en 1877 que supuso el triunfo del proteccionismo, la promulgación de la ley electoral de 1878 que fijaba el sufragio restringido y la adopción de medidas legislativas que recortaron los derechos individuales establecidos en la Constitución - se recortaron la libertad de cátedra, la libertada de asociación, la libertad de expresión. El propósito de estas medidas era acallar a la prensa política de oposición demócrata, socialista, anarquista, republicana o carlista.
Los liberales llegan al poder en 1881 y gobiernan hasta 1883. La brevedad de este mandato impidió que Sagasta desarrollara una política de reformas importantes pero se pueden destacar algunas iniciativas como la ampliación de la libertad de expresión y la preocupación por estudiar los problemas que afectaban al mundo de los obreros. En 1883 son sustituidos por los conservadores. En 1885, tras la muerte de Alfonso XII y la firma del "Pacto de El Pardo", la alternancia se consolidó y permitió la estabilidad de la vida política española hasta que Alfonso XIII alcanzara la mayoría de edad en 1902. Hasta entonces se establecía la Regencia de Mª Cristina de Habsburgo- Lorena que se inicia con un gobierno liberal que se mantuvo hasta 1890 y que se va a caracterizar por su programa de reformas: Código de Comercio (1885), ley de Jurado y ley de Asociacones (1887), Código civil (1889) ley de sufragio universal (1890).
El sistema de la Restauración consolidó en el poder a la burguesía moderada y con su sistema de control de las elecciones permitió el dominio de esa clase, pero también consiguió dar estabilidad política al país y comenzar de esta forma un desarrollo industrial que se había sido muy insuficiente en etapas anteriores. Hasta 1903 los partidos turnantes no tienen problemas pero tras la desaparición de sus líderes comenzarán las desavenencias y veremos las primeras crisis del sistema. Crisis en las que intervendrán los partidos opositores que desde finales de siglo empiezan a organizarse y que contarán con apoyos populares importantes en el primer tercio del siglo XX: los republicanos radicales de Alejandro Lerroux, los socialistas con Pablo Iglesias que funda el PSOE en 1879 y la UGT en 1888, los anarquistas con Anselmo Lorenzo que funda en 1910 a C.N.T y los nacionalistas catalanes que se organizan en 1891 en torno a la Unión catalanista y el nacionalismo vasco que nace con la fundación en 1895 del P.N.V. por Sabino Arana.-