ARTE IBÉRICO


En el primer milenio anterior a Cristo, como consecuencia, sobre todo, de su proverbial riqueza metalúrgica, la Península Ibérica fue foco de atracción de pueblos foráneos, que se asentaron en ella e influyeron sobre las culturas indígenas.
La impronta de fenicios y griegos, pueblos comerciantes del Mediterráneo occidental, es patente en todas las áreas costeras levantinas y en el Valle del Guadalquivir, donde surgió la primera civilización autóctona peninsular, la tartéssica.
De la amalgama de la tradición autóctona y de los aportes mediterráneos, griegos y fenicios, se originó la que denominamos cultura ibérica, en el área levantina y del Guadalquivir. Su marco cronológico abarca desde el siglo VI a. C. hasta la conquista romana en el siglo II a. C.
1.  ESCULTURA IBÉRICA
Son muy abundantes los restos de arquitectura ibérica, de la que se conservan poblados amurallados, necrópolis y santuarios. Tienen un indudable interés arqueológico que viene acrecentado porque en ellos se ha encontrado magníficos ejemplos de escultura, abundantes armas de bronce y excelentes vasos de cerámica.
La gran aportación artística de la cultura ibérica es su peculiar escultura, cuyos mejores ejemplos muestran la influencia griega. Aparecen varias modalidades:
·       Exvotos de bronce: figurillas de pequeño tamaño, de apenas unos centímetros, someramente modeladas.
 
·                Exvotos de piedra, de apariencia hierática y cincelado esquemático. Muchas de estas esculturas son bustos, aunque la más famosa, la Gran Dama Oferente del Cerro de los Santos, es una estatua completa. Fue encontrada en Montealegre (Albacete) en el santuario del que proviene su nombre.
 
·                Figuras de animales o seres híbridos, que se colocaban ante los monumentos funerarios y que, con seguridad, son genios protectores de los difuntos. El más conocido es la Bicha de Balazote.
 
·         También están relacionadas con la vida de ultratumba dos esculturas que representan divinidades femeninas: las damas de Elche y de Baza. La DAMA DE ELCHE es un busto, pero es posible que perteneciera a una figura de cuerpo entero. La cavidad que tiene en la parte posterior parece destinada a contener las cenizas de un difunto. Lleva como adorno un complicado tocado compuesto de tiara, rodetes y arracadas, que nos recuerdan la orfebrería tartéssica. Por el contrario, la plasticidad del rostro remite al estilo severo griego. Se cree que es del siglo IV a. C.
La Dama de Baza es una estatua sedente entronizada, quizás una diosa de los infiernos, que conserva abundantes restos de policromía. Su atuendo recuerda al de la Dama de Elche, pero el modelado es más rudo lo que la relaciona con una tendencia artística más popular. El plegado zigzagueante de los bordes de la túnica es deudor del arcaísmo griego. También tiene, en un lateral, un hueco cinerario.